Nov 302009
 

¡El rey del mambo!
El quiosco del quiosquero…
Las tres, musulmanas sentadas a la espera de que les abran el portal…
Desde mi ventana, veo la casa de en frete: “se vende”…

Desde mi ventana ,la acera pintada por el mobiliario de colores…

 

Desde mi ventana veo la vida pasar…Veo a la gente abrigarse cada día más, señal inequívoca de que es tiempo de frío, de castañas, de mantita y sofá… de café con leche y “tele dormidera”… Desde donde estoy veo el edificio de enfrente con sus dueños que van del salón a la cocina y de la cocina al salón, mientras “la musulmana”(señora de la limpieza), va dejando los cristales impolutos, las alfombras sin una sola pelusa, los cacharros de la cocina brillantes… Esas cosas se ven desde mi ventana aunque una no quiera… Desde mi ventana escucho las conversaciones de la gente hablando por los “fonoportas”, aunque una no quiera escuchar. Desde mi ventana veo un piso de persianas bajadas con un cartel de “se vende”. Todas las persianas bajadas menos la del salón que permanece día y noche cinco cuartas del suelo abierta; se que hay alguien, porque al llegar la noche se enciende una cálida luz que ilumina el respaldo de un sillón. Un baile de luces en el espacio en que puede posarse mi vista, indican que un televisor encendido acompaña su soledad: testigo inanimado de su pasar diario, al que seguramente el dueño mirará sin ver, entre papeles y facturas… Desde donde estoy sigo el día día de su imaginaria vida; de ese transcurrir que yo me invento en el pasar del tiempo: tú no te figuras que hay alguien al que de alguna manera le preocupas; que ese alguien, ha forjado de tu vida una historia muy particular… Desde donde imagino tus días pasar tedigo amig@: que tengas suerte; que la vida te vaya bien.
Y sigo en la ventana; esa ventana a la que le hace falta un buen repaso de trapo y de “Cristasol” , pero a la que dejo vestida de polvo por sentirme arropada, consciente de que puede haber alguien que vea “mi vida pasar”. Y al otro lado de la calle veo a tres, algunas veces cuatro “musulmanas”,depende de como esté el cruce de la frontera, sentadas en un poyete al lado de uno de los portales, esperando a que alguien les abra la puerta para empezar su jornada: luego, al caer la tarde, regresarán a sus hogares cruzando de nuevo a su país….
El ruido de las persianas comienzan casi al unísono, indicando la hora mañanera de los “cafelitos” en los locales de enfrente, en donde los camareros se afanan en pintar la acera con los colores del mobiliario de cada uno de los cafés; de todas las teterías…Y veo al funcionario sentado para el café de la mañana (más tarde regresará para el desayuno de media mañana), en la mesa de al lado un par de señoras marujas con sus carritos de la compra, vacíos ahora de todo. Y pasa el lotero y el policía municipal que aparca su moto y las madre tirando de los pequeños camino del cole, cargando con grandes mochilas, llenas de”saber” y de bocata de queso… Y veo pasar la vida…
Y veo pasar la vida desde donde estoy. La tintorería abierta como cada día y la óptica, de la que un matrimonio mayor,  salen colocándose las bufandas mientras sus caras reflejan el frió en un rictus.
Y al llegar la noche, desde donde estoy sentada, veo y veo y veo, entrar en el Bingo de enfrente mujeres y hombres, solos, o acompañados, que pasan horas y horas en el interior, y los veo salir de madrugada, mientras escucho la algarabía montada por los taxistas en la parada a los que veo empujando el coche en punto muerto, `para continuar la cola y ocupar ese puesto vacío que ha dejado otro compañero, quizá para llevar a este o a otro cliente del Bingo, depende de como le haya ido el bolsillo al binguero:
-¡El dos! – canta la niña oxigenada, contemplando las uñas francesas que se hizo esa mañana…
– ¡El veinte! – ahora se rasca el cuero cabelludo, a la altura de la nuca.<¡Malditas extensiones!> – piensa con un deseo frenético de arrancarse la piel.
– El quince! – canta guiñándole un ojo al camarero de ojos lánguidos y pelo a lo Travolta.
Y tu pendiente de un número, calmas tu nerviosismo con el cubata y los pellejos del dedo gordo de la mano que sujeta el bolígrafo chupado hasta la saciedad, mordidos y remordidos…
-¡Lineaaaaa! ¡Linea! – una señora de enormes pechos se levanta de la silla con cartón en ristre, mientras su amiga le tira del brazo para que se vuelva a sentar.
Y tú te cagas en todo lo cagable, porque desde hace una hora te faltaba el “uno” para esa maldita linea…
Y te veo salir, con un cigarrillo, supongo, porque antes de echar a andar te has parado y sacando algo del bolsillo has seguido todos los pasos correctos de: puesta en marcha un poco de alquitrán para mis pulmones; que yo también he sido fumadora ¿sabes?
Mañana será otro día amigo, y al otro y al otro y al otro…

Desde mi ventana veo al niño, y le escucho gritar quiero esto, quiero lo otro. Veo a dos adolescentes jugar al tonteo de “las hormonas en pie de guerra” y a una señora muy señoreada, y muy conocida de esta ciudad, pasar muy puesta charlando con otra señora muy señoreada…. Y pasa el soldado y la soldado, vestidos de faena, y a una vecina mayor sentada en uno de los bancos de piedra de la avenida, viendo la vida pasar. Y un poco más lejos el quiosco y al perro del quiosquero, que es feliz en su mundo, pues se siente el rey del mambo al saber que todos los demás canes han entendido, a fuerza de gruñidos y sacada de dientes, que el es el dueño y señor del territorio. Desde mi ventana, veo al pobre tullido bajar del autobús con sus cartones y su muleta, para ocupar su sitio de siempre en donde te alarga la mano húmeda de tanto sobarse el talón de la pierna “dormida”…
Desde mi ventana veo mi vida pasar, reflejada a penas, en ese cristal cubierto de polvo al que no quiero desnudar con “Cristasol”…