Jul 182010
 

¡Dios que pintas! Pero merece la pena colgarla.
Eras muy maloooooo. Lo que más gracia me hace es la Coca Cola, tapada con un klinex ¡ja, ja, ja! como si el dichoso Klinex no estuviera cubierto de polvo.
Ya veo que nos tenias vigilados…

¡Anda que no me dio quebraderos de cabeza el inventario! Y las manos llenas de tinta ¿Curraba o no curraba?

Me has enviado unas fotos que me han traído a la mente, aquel tiempo que mantenía dormido en mi interior para engañar a la nostalgia, supongo. No se que me pasa cada vez que me cruzo contigo, pero tienes el ¿poder? el don, la fatalidad, de llamar a esa nostalgia con la que procuro no relacionarme mucho pues no es buena compañera de camino ¡Que tiempos aquellos! Tuve la suerte de vivir esos años con tal intensidad que permanecerán toda una vida entre mis recuerdos más queridos. Aprendí mucho de ese mundo pasado, que nos empeñamos en sacar de su letargo. Viví cada piedra, cada hueso que lavé e inventarié junto a mis compañeros, consciente de que ese momento no se volvería a repetir, ni aún cerrando los ojos para soñarlo… En esa bóveda de la muralla y entre café y “Clamoxiles”; buen humor y confidencias en ese “Santuario”, empapé la neurona y mis sentidos de todo cuanto veía y manejaba. Y lo hacia con el corazón en un puño, temiendo equivocarme y no poder remediarlo, aunque sabía que siempre alguien me echaría una mano si lo necesitaba, cosa que ocurrió casi un día si y otro también. Escribiendo estas lineas he revivido el día en que te conocí. Yo acababa de llegar y venia con el gusanillo de las excavaciones, que el departamento de Geografía e Hª de la Uned de Cartagena, había programado durante ese último verano en el que estuve Allí. Y no se como, pero alguien me habló de ti y me dijo: si quieres verlo está en los “Baños Árabes”. Y allí me fui. Recuerdo que estabas solo con dos operarios con casco; una taladradora y tu sempiterna pipa entre los labios. Y nos saludamos y me contaste un poco de que iba aquello y esto y esto otro… mientras me mirabas, yo diría que casi con curiosidad, tal vez preguntándote que de que iba con aquellas botas altas y tan “emperejilada” para nadar entre agujeros y barro. Y tenias razón ¡ja, ja, ja!
Hoy sentada ante este ordenador y desde un tiempo ya lejano, he vuelto a recordar todo lo vivido en esos fenicios, en esa bóveda del patio de armas; en ese pequeño cuarto del Museo del Revellín, en donde tantos y tantos “individuos”lavamos Carmelo y yo ¡Que situaciones tan divertidas! y cuanta ilusión le echábamos. Hoy he vuelto a recordar el despertar de aquella Puerta Califal y la suerte que tuve de ser la única mujer que participó, en esa primera etapa. Y no es que hiciera mucho, lo reconozco, porque una solo era una voluntaria que no tenia ni idea, pero allí estuve hasta el final, mañana y tarde. Hasta aquel día en que nos dijeron: se acabó. Nos quedamos de piedra… Y de piedra, deseaba ser en ese momento para no salir de allí…
Me has enviado unas fotos que me han hecho un poco polvo: hoy la nostalgia se adueñó de mi.
Un beso Fernando.

“Eder”