Dic 072010
 

Y no me mires así porque me siento incomoda y no te acerques a mi porque me tiembla el cuerpo y no roces ni un milímetro de mi piel; ni se te ocurra aspirar el perfume, que anida en la bufanda compañera del frío de mi invierno. Y no me mires así cuando cruzo a la otra acera de la calle, para evitar el portal en donde vives. Y es que no quiero que gires la cabeza hacia el cristal de la ventana de ese “bareto”, en donde tomas la tostada con manteca colorá y el café de la mañana junto a la gente de tu oficina. ¡Y por favor! Lo de la otra tarde no… No vuelvas a ofrecerme un espacio en tu paraguas. Que no me mires, que no me hables, que no te acerques…Y no me digas que no te lo advertí, y porque la que advierte no es traidora, si no dejas que me rija la cordura, si no te alejas de mi al menos dos manzanas, perderé los papeles. Me soltaré la melena y gritaré al viento y al sol de la mañana y a la lluvia y a la osada gaviota que se posa cuando le viene en gana en mi ventana, esa por la que veo la vida pasar. Y a esa vecina chismosa, tan pendiente de mis idas y venidas, de quien entra o quien sale de mi casa; de si bebo, de si fumo…Y gritaré, gritaré. Gritaré sin importarme un huevo de pato, lo que la gente diga; lo que la gente piense, tu nombre…mil veces tu nombre . Y juraré, juraré y juraré, que usé el alambre de espino de la indiferencia para aislar mi corazón de tu paraguas. Si, de tu paraguas que en esa tarde de lluvia acabó con mi causa, esa de:”no pasará”.
Y me enredó ese espacio en tu paraguas la otra tarde de lluvia….
Y me importó un huevo de pato…
Un huevo de pato me importa el mundo…
Y no me mires así…
Y no me metas en líos,
que yo no tengo que ver…
Fue ese espacio en tu paraguas.