Ago 272011
 

 

Recuerdo que estabamos parados en un semáforo cuando los vimos.Con la cámara a punto llamamos su atención golpeando el cristal...y ella amablemente hizo que el pequeño nos mirara diciendo:"saluda", y nos regaló esta preciosa instantanea que aquí os dejo para que la disfruteis.

 

 

 

A la puerta del "curro"

 

 

En el interior…

 

Recordando a Picasso…

 

 

Taipei es una ciudad de hoy...

 

Un curioso anuncio de marca de leche..

Una mañana de sábado bajamos del metro en Guandú y comenzamos la expedición, como siempre con nuestro cicerone particular a cuatro yardas por delante, sin gafas ni gorra, y nosotros siguiéndole a toda pastilla: una zancada suya, son dos de las de su padre y tres o cuatro de las mías, depende de cómo esté el terreno. Junto a un parking vacío de motos y coches, un edificio grande y de línea moderna, esperaba resignado a que “el pesado de siempre”, viniera a truncarle “la paz interior”, nunca mejor dicho, que las enormes oficinas vacías de gente le provocaba. Y así, esa mañana de sábado, no solo llegó “el pesado” si no que se trajo dos más, que iban como autómatas tras él.
Tirando de la cinta, en la que llevaba la tarjeta magnética que, como “el rabo del mono Amedio”, le colgaba sempiterna del bolsillo trasero del vaquero, la pasó por las amplias puertas de Pegatrón rompiendo la paz de la “semana inglesa” del edificio. Y así, tras puertas, barreras y un ascensor decorado con espejos de mano al más puro estilo de “Alicia en el país de las maravillas” llegamos finalmente a su lugar de trabajo: el reino de la fantasía en donde su cabeza bulle cual tetera en su mejor hervor. El local, de un blanco aséptico, me hizo pensar en una morgue o en una clínica de salud mental…¿ahora se llaman así?, era un lugar frío, con todas aquellas paredes desnudas, en las que no había ni un solo cartel o propaganda del trabajo publicitario que allí se realizaba, si exceptuamos los toques de “color – calor” que pequeño Ángel le dio a la oficina, tras dejarse los cuernos, un compañero en una invisible puerta de cristal: una diana monda y lironda, o un par de guantes de boxeo pintados en otra puerta, también de cristal, concretamente la que abre la “sala de los truenos”, en la que: la idea que expones es la mejor para vender el producto en el mercado occidental…

………………………..

-¿Por qué están todas las mesas llenas de muñequitos? ¿es que solo trabajas con chicas?- le digo sin dejar de asombrarme ante tanto muñecote y recipientes con pececillos.
-Que no;que aquí eso es normal- nos dice mientras da de comer a unos peces de colores que hay en una de las mesas.
-¡No me lo digas! Que adivino cual es la tuya – le digo riendo, y sentándome en la única que no tenia muñecotes.
– “Lo tenías a huevo”. Me dice sonriendo.
Y entre todas estas observaciones, el padre de la criatura, no para de hacer fotos, de esto y de lo otro…
¡Toma ya! Quien nos iba a decir que tú batería iba a pasar de la buhardilla de casa a una habitación de una oficina al otro lado del mundo…
– Ya la echaba de menos, ya… no veas como se descarga adrenalina con ella…- dice mientras le da un redoble a uno de los timbales. – ¡Pégale! – Y pater niega con la cabeza sacando unafot, y otra y otra. Es bueno con la batería pero supongo que le corta darle a las baquetas en una oficina que no conoce, y en el otro lado del mundo… ¿Qué como llegó hasta allí la batería? Pues tras varios intentos, la pasada navidad, por meterla en la maleta , y no conseguirlo, sus hermanos se la enviaron por correo. Qué ¿por qué no se compró una allí con lo que costó enviársela? Pues esa es otra pregunta del millón.
– ¡Hola Chichen!-suena así pero no tengo ni idea de como se escribe –
Es un sábado por la mañana y también ella esta en la oficina. Sentada unas mesas más allá de donde se sienta pequeño Ángel, la muchacha nos saluda con una sonrisa, a la vez que sus vivarachos ojos oblicuos se cierran hasta lo imposible. No lleva el sombrerito de paja, pero si los mini shorts y una camisola corta; las sandalias de suela de madera que calza, resuenan por la oficina. Nos saludamos con un beso y un abrazo, al más puro estilo occidental, consecuencia de los años que pasó en parís: en su cultura las muestras de afecto se reservan para la intimidad.
– ¿Lo notáis? – nos dice fijando la vista en el flexo de su mesa. Los tres miramos hacia el mismo punto, y pudimos ver como el brazo de la lámpara vibraba ligeramente…: un casi, imperceptible movimiento sísmico, había querido visitarnos en esa mañana de sábado.

…………Ángel: ¿ya saben que existes en la oficina de la Cámara española de Comercio?
– Aún no he ido
– Pues si no te das a conocer y Dios no lo quiera ocurre alguna desgracia, , nadie se preocupará por ti, al no saber que estás en Taiwán. : Todavía estamos esperando a que de señales de vida por esa oficina.