Abr 052013
 

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Es tiempo de pucheros en el fuego y de olores familiares en el barrio. El olor a pan de horno, y el aroma del café borboteando en la cocina del hogar. Una matrona tiende la ropa por la ventana, en una cuerda roñosa y descordada que aún gotea las sobras de la lluvia del amanecer. Pasa el lechero tirando de su jamelgo con las cántaras de leche entrechocando en la carreta ¡Clin! ¡Clon! ¡Clin! ¡Clon! ¡Clon! El pitillo entre los labios. La barba fuerte de unos tres dias, el pelo ralo, y unos ojos verde aguamarina que fueron hace ya tiempo, y por mucho tiempo, la perdición de más de una mujer casada, soltera, y hasta alguna viuda necesitada de un hombro en donde llorar.
Pasa el lechero, y en el balcón de la mancebía de la María la del Pandero, una muchacha de pelo rojo, de escote abierto y labios carnosos,  se calza los zapatos con la costumbre de la desgana. Primero uno, y luego el otro…  De tacón alto, tan ajados y acabados, como esa vida que lleva en la María la del Pandero . Se despereza, y del escote saca un pañuelo muy estrenado para sonarse una vez, dos. Y es que el marino con el que estuvo dos  dias atrás,  no vino solo, trajo  un trancazo de aquí te espero. Un resfriado de los de aupa… Mucha sonrisa, poco dinero y su recuerdo lleno de mocos en el pañuelo.
Pasó el lechero, y en la tienda de ultramarinos que hace chaflán dando a dos calles, la de Plateros y la del Pan, un tendero gordo y fofo, baila un bolero con el letrero de “cierro” y “abro”. Ahora te cierro, ahora te abro, dicen sus manos bailando alegres sobre el cartel. Abre la puerta y del local sale un tufillo a bacalao, chacina y vino que inunda el aire jugueteando con los estómagos, y las sonrisas del personal.
Y pasa el lechero mientras un perro viejo y chusquero, huele y relame la vieja esquina de la casona, de planta baja de Doña Erminia ¡Ay! Doña Erminia ¡Qué calamidad! No sabe que hacer.
Y pasó el lechero, y se llevó en sus ojos de aguamarina, la vida del barrio. Lo bueno y lo malo… lo malo y lo bueno…
La matrona,
la cuerda del tendedero,
los olores a pucheros,
los aromas a café y a pan de horno.
La lascivia y el deseo, que provocan sus ojos de aguamarina.
La muchacha, y el recuerdo del marino en su pañuelo…
El bolero de las manos del tendero.
El olor y el lametón, a la esquina de la casona de Doña Erminia…
Y tu beso, y mi deseo.
Y tu cuerpo,y mi deseo.
Y tu pelo, y mi deseo.
Y ese olor de almendras dulces que resbala por tu piel ¡Y mi deseo!
Y el aliento de tu boca a vino rojo, y mi deseo.
Y pasa el lechero…
Y es tiempo. Hoy es tiempo de pucheros y escarceos entre  mantas…
Por el suelo, junto al fuego…
Y pasa el lechero,
y es tiempo de…

 

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