Ago 262012
 

Y se irán.Y se irán las tristezas,los malos sueños por el desagüe del mar añil.Le arrancaré el tapón fijado bajo aquel coral rojo que en sueños,este era un buen sueño, encontré aquella mañana de verano de un tiempo pasado que no volverá.Yo llevaba un bañador de lunares azules, rojos, y amarillos,y unas ganas tremendas de comerme el mundo y beberme el mar.Me senté en la arena fina y dorada, como la harina para papillas de un bebé glotón y mis ojos se clavaron en el azul del cielo.Un cielo con algún que otro borrego,¿O tal vez eran gatos? Ahora no lo recuerdo con claridad pues las nubes, ya se sabe, que son volubles y casquivanas,y hacen lo que les da la gana quedandose con el personal. Un cangrejo rojo,y otro,y luego otro, de patas largas, y ojos saltones, que me observaban como periscopios de una flota de submarinos de guerra, emergiendo del interior de la arena.Caminan de lado y para atrás ¡hay que ver que tontería! pero así son los cangrejos rojos .Al final te encuentras con que han dejado la playa horadada como un queso gruyere.Y tu ya no sabes si aprovechar los agujeros para perderte, hasta llegar al tapón protegido bajo el coral rojo que impide secarse el mar,o agenciarte unos manguitos y un par de aletas,sin olvidar las gafas para ver con claridad el lugar exacto en donde se encuentra el dichoso tapón.Que ¿por qué la fijación en el tapón? por simple curiosidad…por ver que color tiene realmente ese fondo del mar. El mar,el que yo conozco,se podría usar para jugar al golf,o saltar en monopatín,o  tal vez para una noche de amor robado,perdidos entre la arena a la sombra de las estrellas…TAL VEZ…TAL VEZ…
Y un cangrejo rojo,y otro,y luego otro danzando por la arena de la playa y yo regresando al mundo real con el tapón del mar.No fue difícil,pues solo tuve que tirar un poco ayudandome de un viejo pez sierra muy respetado por todo el mundo marino,aunque he de decir que al principio remoloneó un poco pues no estaba muy convencido con eso de quitarle el tapón a mar.Le comí la oreja,que no la boca,pues hace pupa,y al final me salí con la mía y…¡voilá! he aquí el tapón.Claro que no lo podéis ver pues lo tengo colgando del flexo,justo al lado del ordenata.En días de viento,si la ventana está abierta, se balancea como una campana,que activa mi neurona dando rienda suelta a la imaginación.Es algo así como mi fuente de inspiración,este tapón robado al mar.Al mar de los sueños,de los sueños malos,porque el de los buenos lo he pegado con “loctite” para que no se pierda jamás.
Y…son las tres de la madrugada,y mi neurona dice:<veteadormir> aunque mis ojos digan:<notenemos sueño>.Y estoy pensando en darme una ducha mientras sorbo una infusión de”biendormir”,porque la pastilleja hace tiempo que se fundió en la neurona.
Y estoy pensando en irme a dormir con el tapón del mar de los sueños malos guardado en un cajón de mi escritorio..
Y estoy pensando irme a dormir…
y me voy.

Mañana será otro dia.

Nov 152011
 

Nieves y tatín

La playa parecía una torta fina bañada de azúcar.La arena se metía entre los dedos de los pies maquillándolos  de dorada purpurina. Unos pies en donde las tiras de las sandalias habían dejado su impronta por no colarse  ni un solo rayo de sol.
La playa parecía un polvorón escachado por unos pies pequeños y morenos, alegres y despreocupados por no sumar los años suficientes para pensar en otra cosa que no fuera soñar y reir.En dos palabras:ser feliz.
La playa parecía un plato de natillas tan suave que los pies de caminante que la pisaban agradecía su caricia con un meneo de dedos en abanico.Unos dedos con lunares como los que adornan los trajes de faralaes y a los que todo el mundo se empeñaba en llamarles callos.
La playa parecía una copa escanciada de champán de un dorado rabioso, en donde dos pares de pies hacían unos largos entre vaivén y vaivén de sus dueños. No se parecían  en nada. Unos tan fuertes y nervudos y los otros tan suaves y coquetos que hasta las uñas llevaba pintadas de un azul mar en un dia de nubes.Subían y bajaban a media pierna, y se balanceaban en el aire según cabalgaran los cuerpos desnudos y bronceados.
La playa se adornaba con peinetas de cocoteros casi a ras del suelo y visera de egombe egombes en un intento de protegerla del sol. De ese sol tropical que pisaba fuerte por eso de impresionar a la arena de la que estaba colado por sus granos.
La playa  se vestía con una tela de guipur de un color turquesa, añil o gris, según le pintara al mar,y  lucia zarcillos de cangrejos ermitaños y ajorcas de caracolas que ponía amarilla de envidia a la luna.
La playa se vestía  al punto de asomar  la luna bella  entre las nubes, con cayucos varados en la arena y abalorios de cangrejos, sin ermita, corriendo por su piel.Corriendo por su piel, envueltos en sonidos de tan-tan, como esa adolescencia que jugaba a despertar al deseo y al amor. Ellas con sus bañadores de colores y “cazuelas” de plástico duro para sujetar un pecho de paloma con ganas de volar. Ellos con sus gafas de sol y un  pitillo entre los labios a lo James Dean, por eso de “ser hombre duro”.
Manos, roces, miradas, sonrisas, confidencias de niña-mujer…
Manos, roces, miradas, sonrisas y la sangre hirviendo por las venas…
Manos, roces,miradas,sonrisas y el final del verano llegando…
El sonido del tan-tan…
Los cayucos en la arena…
Y un pecho de paloma con ganas de volar…
Y unas gafas de sol y un pitillo…
Y una torta fina de azúcar…
Y un polvorón escachado
Y un plato de natillas…
Y una copa escanciada de champán…
la playa.