Ago 272011
 

 

 

Y la amable camarera taiwanesa miraba ,sin comprender ,la risa de "esos dos guiris" que con la ropa empapada de agua no dejaban de reir...

 

 

Y de pronto se puso a llover con ganas ¡es lo que tiene Taiwán! Y nos parapetamos , en un muro ¿como se puede uno proteger de la lluvia pegado a un muro? Con el paraguas del Seven Eleven no, porque el viento que soplaba lo rompió...¡con un besazo, humanidad! con un besazo al más puro estilo del cine negro americano ¡ja!

 

 

Y esta novia decidió ir de largo...

 

 

 

 

 

Subiendo hacia la universidad, noas encontramos con un par de reportajes de boda. PArece ser que es el lugar más solicitado por los jóvenes para sus fotos.

 

 

 

 

 

Dejamos el fuerte de San Domingo y nos encontramos con esta preciosa iglesia protestante...

 

 

 

 

 

 

 

Antes de la llegada de los chinos, portugueses, holandeses, españoles y japos, ya vivían allí unos señores que no les hizo ni mijita de gracia que invadieran su territorio, esos eran los aborígenes del lugar.


 

Guerra chino francesa. En medio del fragor de la batalla, se pueden contemplar los diferntes equipamentos de los dos paises

 

 

Y todo esto que sigue son mapas explicativos de la historia de Taiwán,la antigua Formosa...

Para que no haya dudas…

 

Al ver ondeando nuestra bandera entre la de los otros paises que una vez ocuparon Taiwán,una no se pudo resistir y lo que no daba en estatura para alcanzarla, lo suplia el deseo de sentirla entre mis manos

 

 

Junto al retrato de la anfitriona…

Dentro de los recintos del fuerte, el edificio de la embajada inglesa durante su dominio.

 

Cañones españoles…

Si aumentáis la foto, vereis el perfil de la cabeza de Buda. Eso dicen…

 

Una vista preciosa, de los jardines del fuerte San Domingo…

 

Comenzamos la subida…

 

En frente “la montaña de Buda”…

 

Camino del fuerte San Domingo…

 

 

 

 

 

Ya os cuento yo la historieta, pero no a colación de cada foto, porque tardaría un montón. Así que empecemos: ya no se si os he contado que el fuerte de San Domingo,está situado en ladesembocadura de Tamsum , teniendo las montañas de fondo y el mar a sus pies. Como es obvio esta situación resultaba ideal para brujulear lo que entraba y salía del lugar ¡vamos que era una portería con estilo!Resumiendo este galimatías, que los holandeses echaron a los españoles, y los chinos a los holandeses ¿ y los aborígenes?ni uno; no quedó ni uno ¡C’est la vie! Y ya no hablo de los cincuenta años que se tiraron los japoneses, porque esto se ha convertido en los anales de la guerra del Peloponeso.
Antes de la llegada de los chinos, portugueses, holandeses, españoles y japos, ya vivían allí unos señores que no les hizo ni mijita de gracia que invadieran su territorio, esos eran los aborígenes del lugar.

Gracias a la experiencia acumulada por Portugal durante el tiempo transcurrido dándole a los barquitos. A los gobernantes se les ocurrió, ir un poquito más lejos, y como el pueblo portugués era tan curioso aceptaron el reto, convirtiéndose en la vanguardia de la era de la navegación, al mando de vasco de Gama.Y así, tras explorar la costa oeste de África,durante un siglo, descubrieron ¡mira tú por donde! el cabo de Buena Esperanza : ¿lo pasamos, o no lo pasamos? ¿Mirar que esta os muy al sur? ¡Venga, pues lo pasamos!Y así en 1497, llega a Malaca, isla de las Especies, China y Japón ¡toma ya!
EL descubrimiento de Damshui,fue un logro de los  grandes navegantes europeos del s.xv,porque eran muy cotillas y no se conformaban con saber los trasiegos de su casa:tenían que meter las narices en las de los vecinos del mundo mundial y claro,como jugaban con ventaja porque ya se habían enterado de las idas y venidas de los griegos, y del dale que te pego del mundo islámico,por no hablar de los cotilleos que se traía Marco Polo; pues lo dicho que: cotilleando, cotilleando llegaron hasta Damsuhi, por cierto que los más “metemeentodo”:los portugueses y los españoles.
Los holandeses llegaron al este de Asia, siguiendo la ruta de portugueses y españoles, y decidieron instalarse en Macao, al sur de China,para acceder al mercado chino. En 1622, la flota holandesa, le pidió ayuda a la inglesa para mandar a paseo a los portuguese, porque querían para ellos solitos el pastel. Un ratito después,los holandeses ocupan la isla de Los Pescadores en 1624, cosa que hace cabrearse mucho al gobierno Ming. Menos mal que un comerciante chino llamado Li- dan,,se los lleva al huerto y aceptan la “invitación de los Ming, para irse a dar la lata a otro sitio: en Dayuán , pero mira tú por donde aparecen los españoles, en el momento en que se están atragantando con tanto requisar barquitos chinos, que se iban a vender sus abalorios desde Fujián a Manila, y los sacan rapidito del lugar…1628, creo…Despues llegaron los japos y más tarde, pero mucho más tarde Taiwán consiguió su liberted.

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Bajo un sol abrasador el estuario del danshui salicado de barcas. El paisaje es para recrearse durante un buen rato, pero no a esas horas, a no ser que quieras derretirte con el calor. Caminamos de prisa buscando en las calles del pueblo costero, las sombra de los árboles y la que proyectan los zaguanes de los comercios. Vamos buscando el fuerte de San Domingo, por su historia española. Una bella impronta arquitectónica que allí dejamos los españoles en 1626. Y al final de la larga calle principal divisamos el fuerte en un promontorio, cosa lógica por cierto, con la bandera de Taiwán ondeando al sol, prueba inequívoca de que tras ser ocupada durante cuatrocientos años por españoles, holandeses, ingleses y japoneses, se había ganado por derecho ese bastión. Nos miramos con desaliento ante la pendiente de la cuesta que nos llevaba hasta las puertas del fuerte. Ante nosotros las banderas de los países que una vez fueron dueños y señores de la isla, aparecían en fila en lo alto de un muro: no pudimos resistirnos a la tentación y nos hicimos un par de fotos con la nuestra, . Nos cruzamos con estudiantes que salían de ella y cosa curiosa, con tres reportajes de boda , que estaban haciendo en el recinto. Un fuerte aguacero, nos sorprendió al bajar, y el pequeño paraguas verde, se dobló con el empuje de una ráfaga de viento…
– ¡No lo fuerces más que lo vas a romper del todo! ¡Es que no ves que el viento no te lo deja abrir!
Me dice Manolo malhumorado, al verse apoyado contra una vieja pared de un solar, sin modo alguno de guarecernos de la lluvia
-¡No lo fuerces más, coño!
– ¡Quieres vivir el momento y olvidarte del puñetero paraguas! Estas sensaciones no las volveremos a tener en la vida… así que saborea este instante y déjate de sandeces; vívelo…: y nos besamos bajo la lluvia, siendo testigos de nuestro beso, una vieja pared de una calle de Damshui y un más que vapuleado paraguas, comprado en un Seven Eleven de Taipei.
Unos metros más allá, alguien nos hacía señas para que nos acercáramos, y sin pensarlo dos veces así lo hicimos, corriendo todo lo que pudimos, bajo la lluvia. Era una taiwuanesa de cara amable y edad sin definir . Nos pasó al restaurante , y muy cortésmente nos entregó sendas toallas, de un limpio inmaculado, guiándonos hasta unos mullidos sillones, junto a una enorme cristalera, desde donde se podía admirar el estuario azotado por la fuerza del viento y la lluvia, que en ese momento arreciaba con ganas. Nos tomamos unas “cocas” disfrutando del espectáculo, y sin importarnos nuestra ropa mojada…
Fue una tarde mágica, en la que una vez más quedo patente la extrema amabilidad del carácter taiwanés: a la muchacha no le importó que le empapáramos los sillones de agua; vio a dos “osos panda” desesperados bajo la lluvia”, y no dudo en guarecerlos: ¡Te quiero Taiwán!