Feb 012011
 

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Impulsos del corazón, impulsos del corazón, impulsos del corazón…Y hoy te echo de menos ¡Cuanto te echo de menos! quisiera echarte de más, pero no puedo. El corazón, el corazón y el corazón. Impulsos del corazón, que me llevan a ti aunque no quiera, que me ausentan de todo y de todos sin darme cuenta, que me hacen mirar sin ver, oír sin escuchar, y llenar mi cerebro con solo un pensamiento. No necesito más; los otros, el resto, los cotidianos, monótonos y exentos de emociones que ericen mi piel, los dejo en cualquier parte, entre la ropa sucia, bajo el montón de plancha que espera impasible a que alguien le haga un lifting, revueltos en las volutas de polvo, que ruedan bajo la cama, corriendo de un lado a otro como los come cocos de niños. En el cesto de los ajos y cebollas confiando que ese olor fuerte y penetrante los abobe y no regresen jamás; no los necesito porque nada más venirme a la memoria uno solo de esos pensamientos sosos, plastas y vacíos, con solo pensar en ti, se apagan como la llama de una cerilla, de un mechero, de un candil, de una vela de un cumpleaños feliz ¿Impulsos del corazón? Impulsos del corazón que desperdigan cada una de las letras que conforman las palabras que aquí quedan. Impulsos del corazón, que arrinconan el apuro, la timidez, el miedo al que dirán y asoman ese vidrio de loza vidriada a las pupilas.
Impulsos del corazón, impulsos del corazón, impulsos del corazón… Y ese brillo de loza vidriada…