Jul 012015
 

 

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Y ayer fue una tarde de radio, de esas en la que una se sintió tan agusto, que ni se dió cuenta de que estaba hablando de micro para afuera y no en petít comité. El cuarto era pequeño y hacía un calor insoportable, pero a una le pareció de lo más soportable por sufrirlo con un par de buenos amigos; los otros estaban fuera compartiendo fresquito con Maqui y su mesa  de mezclas.
Fue una tarde mágica, lo he dicho hasta la saciedad zascandileando por todo el Facebook, a una le encanta zascandilear de Jaima en Jaima, de tenderete en tenderete y de redil en redil. Es lo que pasa cuando lo que te gusta es la gente de todos los colores, con su forma variopinta de ver la vida. Esa vida preciosa y mavillosa a la que solo se accede una vez, y a la que hay que sorber sin prisa pero sin pausa, como el que toma un sorbete de limón o un café aderezado con “brillo en la mirada” y “amplias sonrisas”. Y brillo en la mirada y sonrisa amplia, fue lo que ayer pude disfrutar en ese programa de radio como es El Dinosaurio que lleva Emilio Tomás y su equipo, desde ese Taller de Prensa Comunicación. ¡Que cosas tiene la vida! Una pensando durante cinco años de su idem en que, La Sombra del Egombe Egombe fuera un best seller del mundo mundial y ahora resulta que, aunque me encanta el dulce, lo mejor que hoy por hoy me a traido ese libro de mis entretelas es la suerte de conocer a tanta y tanta y tantisima gente guapa, como de un tiempo a esta parte estoy conociendo. Y hablando de conocer, ha sido para mi un vedadero placer que esa Sombra del Egombe Egombe nos haya cruzado en el camino. “El árbol que da sombra”, que es lo que significa Egombe Egombe, una vez más ha sido capaz de cobijar entre sus ramas a personas que llevan por bandera el AMOR por la literatura.
Gracias Emilio Tomás, Nuria, Maquí, Charo, Paco y como no, mi cariño a esos pedazos de actores, jovenes y prometedores,como son Pedro J. y Alba. Sois gente por lo que merece la pena gritar al mundo que a pesar de los pesares…!LA VIDA ES BELLA!

 

Mar 162015
 

manolo astillero

 

Siempre ha tenido un lugar en mi corazón, y un pensamiento en la noche para él cruzando hacia más allá de las estrellas. Siempre tuvo mi cariño y admiración por esa nobleza que le caracterizaba y por ese lazo gordiano que  le unia desde,los tiempos de Nuestra Guinea, a Manuel Astillero Portillo;” su teniente” como él le llamaba. Hoy ninguno de los dos está en este mundo con su presencia pero tod@s sabemos que aquellas personas con las que compartimos sonrisas y lágrimas; confidencias y buenos deseos, nunca llegan a marcharse del todo porque permanecen en nuestra memoria y en lo más profundo del corazón.Por eso hoy he querido dejaros este correo que un dia me envió…
Hoy he querido que estuviera aquí, junto a es “Sombra del egombe egombe”que tanto le caló. Que tantos recuerdos buenos le trajo a la memoria.
Hoy os dejo ese correo tan entrañable para mi.
Gracias MANUEL TORIBIO por tu cariño y por todo lo bueno que representas.
Un beso.

 

” GRACIAS QUERIDA NIÑA BLANCA GELINDA “

Querida amiga Linda: Muchas gracias por haber creado esa obra tan bonita de ” La sombra del Egombe-egombe “. Hace un par de dias que terminé de lerlo y te digo que si habré disfrutado con él, que en la edad que tengo 74 años, es la primera vez en mi vida que leo un libro con tantas páginas. Es un verdadero ladrillo jajaaaaaaaaaaaa. Me he emocionado mucho, con los episodios de nuestra guerra civil y los niños de la posguerra, pues yo he sido uno de ellos. Me he reido un jartón con las travesuras e investigaciones de ” La niña blanca Gelinda ” y el bueno y borrachín de Pantaleón y ha sido un auténtico placer el pasearme por toda la isla y el continente, acompañado de OJOS DE GATO, LA ESCOPETILLA, TATIN Y LA NIÑA BLANCA GELINDA.
Como colofón te diré que sin proponértelo me has inmortalizado en tu libro y me siento muy honrado, máxime haciendolo junto a mi Teniente D. Manuel Astillero, ya que en esa foto que has incluido al final y que yo guardo con mucho cariño, de la arriada de nuestra Bandera el 11 de Octubre del 68, estamos mi suegro y yo delante de la vivienda de nuestro Cónsul, que es lo que indica esa placa que se observa en la pared. Como la foto está muy oscura solo se me ve un poco la camisa blanca y la corbata negra y mi suegro con cubana clara remangada por encima del codo, delante mia. En la foto original se me ve perfectamente con mi acharolado y el uniforme.
Bueno Linda, como te digo al principio muchas gracias por esta joya que nos has regalado, pues como dice Tatín todos los que hemos estado en aquel paraiso y lo amamos tenemos, un trocito en tu Egombe.Egombe. Ahora como tú dices ” Cuando no tenga otra cosa mejor que hacer “, cogeré mi ladrillo para deleitarme durante unos minutos, con la lectura de cualquiera de sus pasajes.
Que Dios te bendiga y bendiga a todos los tuyos, te de mucha salud y te siga iluminando para que sigas creando obras tan bonitas como esta.
Un besote muy fuerte para ti y un abrazo para el muchachote de” Las gafas de espejo “, con todo mi cariño. El abuelo M. Toribio”.

 

Dic 192014
 

https://vimeo.com/109455078

La Sombra del Egombe Egombe es la historia de una parte de mi vida,pero tambien es la historia de otros muchos que como yo,vivieron en el corazón de África. Alguien dijo que “Guinea ” te enamoraba de tal manera que te dejaba sin fuerzas para abandonarla, y no se equivocaba pues tod@s los que alli nacimos y vivimos, la amamos profundamente. Este libro va especialmente dedicado a toda aquella gente que dejó parte de su alma en esa tierra bendita.
“La niña blanca Gelinda”,Tatineta,”Ojos de Gato”, “la Escopetilla”,el viejo Camaró,la dulce Sara,Pantaleón…Personajes entrañables de esta historia real y sincera escrita con el corazón.

Gudea de Lagash

Dic 092014
 

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DISFRUTAD LAS GALLETITAS ¡JA JA JAA!

Una se ha pasado toda la tarde en la cocina. He puesto todo mi cariño en una receta de galletas navideñas que Doña Tatín, la mejor cocinera del mundo  junto con El Mirlo de Papel; la Señora Varech para l@s que la conocemos desde hace mucho en esta jaula de grillos como es Internet, me dió hace unos dias vía”tantan waseado”. Y… he llegado a la conclusión de que prefiero una tesina y volver a escribir “La Sombra del Egombe Egombe” en chino, antes que repetir la experiencia ¡SOCORROOOOOOOOO! ¡UF! que asquito de galletitas, que en vez de galletas parecen excretas de las vacas de Gervasio el del pueblo de Doña Tatín. Había hecho estrellas, flores, un puercoespín y hasta un caballo; el reno lo dejé a un lado porque el molde era más grande que la palma de mi mano, así que imaginad como saldría del horno… ¡En fin! que se apretujaron todas en la bandeja y no salió ni una derecha, solo el caballo aunque más que un caballito de cuento parece un semental cebado. ¡Que no me pilla más Doña Tatín!, que me ha matado usted con sus recetas de Heidi… Y el caso es que están buenisimas de sabor las puñeteras; eso sí. “Lacremduparis”. ¡Delicada que es una hablando! Traducción: la crema de París la va a hacer su madre otro dia porque a parte del rollo de la elaboración, me ha dejado marcada como a un ternero del rancho de J.R.. Me ha pringado toda la encimera, y se ha ido la yema de huevo por un  lado y el azúcar por otro. ¡A paseo con la cremita!. Una las ha embadurnado de azúcar glas y a otra cosa mariposa. Lo malo es que ayer me gasté casi 30€ en tonterías para adornar, de azúcares, colorantes y bolitas de anís. No sé… tal vez las meta en el caldo del cocido del domingo. Je…je…je…
Aquí os dejo unas fotillos para que veaís lo bien que una se lo ha pasado jugando a las cocinitas.

 

Sep 032014
 

 

lasombradelegombegombe

 

 

¡Hola! Mi libro La Sombra del egombe egombe,ya está a la venta. Aquí os dejo los sitios  donde podeis adquirirlo en :tapa dura, blanda, y ebook.


www.lasombradelegombeegombe.com

La Sombra del Egombe egombe amazón.es

 

Espero que este relato de una parte de mi vida, os enganche al sillón.Si no es así,pues usarlo de sujeta puertas.Je,je,je.

Abrazotes ¡Muak!

 

Gudea de Lagash

 

 

Sep 012014
 

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Ha sido toda una sorpresa encontrarme con esto en el periódico de la Verdad de Murcia. No porque no me lo esperára pues en su momento,el Señor Herrero Carcelen,tuvo la amabilidad de dedicarle parte de su tiempo a esta escribana nueva.
Bajo un sol abrasador,una tarde de verano tuvimos un fuego cruzado de preguntas y respuestas. Empezamos con mal pie,al menos por mi parte cuando me dijo “no me gustan los libros gordos,aunque ahora se hayan puesto de moda”. Una se quedó a cuadros,pues no tenía ni idea de las tendencias de “la moda libreril”- perdón por asesinar la gramática- , y me dije que el próximo no sería tan voluminoso ¡Por Snoopy! que antes de que él lo viera lo llevaría a un gimnasio. Hoy me ha llamado usted Señor Hererro Carcelén y me ha dicho que le ha parecido interesante…Con eso me basta.
Esperando ese café, que tenemos en la lista de cosas agradables que hacer…
Un abrazo en la distancia corta.

Gudea de Lagash

Jun 242014
 

La bella Sara y Carola

             Con la blusa blanca y la falda azul, “la Escopetilla” parecía una colegiala. Había estado discutiendo toda la mañana con Sara por la forma de vestir: “que si a Ángel le gustaba que fuera así… que si recógete el pelo en una cola… que si patatín, que si patatán”… <<Bueno, cuando el camión desaparezca por el Cuerpo de Guardia, me quito esta ñoñería>>, piensa con resignación, mientras acaricia la coronilla de un pequeño tití escuálido y despeluchado, que la miraba con ternura desde unos enormes y redondos ojos color caramelo; cuyo mecánico movimiento recordaba el abrir y cerrar de ojos de una muñeca. El mono se lo había regalado Ángel. A la madre la mataron unos cazadores para comer la apreciada carne del animal y ahora le tocaba cuidarlo a ella:

– Como no hay tiendas donde comprarte un regalo, te traigo el tití… -y ella pensó que maldita la gracia que la hacía cuidar de ese pequeñajo, que lo único que sabía hacer era despiojarse y mirarla con ojos de borrego tierno… El pobre mono, que aún no tenía nombre, de un salto se acomodó en su regazo, como si supiera lo que estaba pensando y quisiera congraciarse con su ama. Lo miró con resignación y  luego  alzó la vista hacia el Cuerpo de Guardia, por donde en ese momento entraba el Chevrolet  en dirección a los garajes. Al pasar cerca del “árbol que da sombra”, escuchó el sonido de la bocina por tres veces, era la contraseña para hacerle saber que la veía. “Ojos de Gato” había sacado el brazo por la ventanilla  y pudo alcanzar a ver los dedos de su mano agitándose en el aire. Ella le devolvió el saludo con una sonrisa y el tití bajo el brazo.

– Niña, ven a desayunar, que ya está todo en la mesa

– Ya voy mamá, espera que ate al mono a la hierba luisa… estate quieto enano, que ya me tienes muy harta…

   La besó en la mejilla; era un beso casto, porque no estaban solos. La encontró preciosa; como siempre, aunque hoy estaba más bonita que nunca, con esa falda azul y la blusa blanca… Y luego estaba el pelo, ese sedoso pelo castaño recogido en una cola… realmente preciosa.

– Mira lo que te traigo -le dijo, entregándole un cesto de bambú, en el que una pequeña cría de chimpancé hembra se agitaba inquieta buscando seguramente la leche de la madre-. Mataron a la madre –dijo cogiendo al animal. “la Escopetilla “sonrió, no podía menos, pues lo que él no sabía era que los bichos no eran santo de su devoción.

– Busquemos un nombre para ella -le dijo quitándosela de las manos–. Ya sé, la llamaremos Carola, es un bonito nombre.

– Como tú digas, “Escopetilla”, pero dame un beso… ella se lo dio en la punta de la nariz.

            Los días pasaban deprisa, con sus viajes de ida y venida; con el “ya estoy aquí, amor” a golpe de claxon del viejo camión cuando cruzaba la explanada en dirección a los garajes; pasaban deprisa, disfrutando con los amigos durante un rato en el bar del Hotel Guria; paseando por la arena de las bellísimas playas, jalonadas de palmeras, cocoteros y magníficos egombe-egombes, con  los salacots en sus cabezas y los pies descalzos. Sin importarles las niguas, ni los cangrejos rojos de poderosas pinzas, que al atardecer salían de sus madrigueras por los agujeros que horadaban la playa, encaminándose a la orilla con esa forma extraña de caminar que tiene los cangrejos: para atrás, para un lado, para el otro, moviendo las patas por la arena, con la soltura de los dedos de un pianista sobre el teclado y bailando los ojos como diminutos periscopios oteando la superficie. El tiempo pasaba deprisa viendo el ir y venir de los pescadores en sus pequeños cayucos, que manejaban con destreza aún con la marejada. El tiempo ya no contaba cuando tomaban el rumbo hacia el río Ekuko y caminaban bajo la frondosidad de los árboles que bordeaban el camino en donde palomas verdes y blancas se asentaban en las ramas o emprendían el vuelo tras el nido, el sustento y el arrullo del celo. Y cuando el  sol empezaba a ocultarse  comenzaba la cuenta atrás, queriendo ganar al tiempo: había que llegar al campamento antes del anochecer…

            Los cuatro metros de cadena que aprisionaba el cuello de Carola marcaban su pequeño territorio, excepto cuando su ama se compadecía y la soltaba para que experimentara lo más parecido a lo que debía ser la libertad. Aunque como el animal no había conocido más mundo que el que rodeaba la valla del campamento, ni más madre que Sara, ni más teta que la de la tetina de goma con la que la criaron, la pequeña hembra de chimpancé era feliz destrozando la ropa del tendedero de la sufrida María Luisa, la mujer de Valentín Ortega, a la que le encantaba comer croquetas y  pintar gatos en las paredes del hogar, o rompiendo los huevos de las gallinas ponedoras de cualquier corral que se atravesara en su camino. Tal vez por criarse entre humanos o por ese instinto maternal propio de las hembras, se agenció en una de sus correrías a un cachorro de gato, del que no se separaba jamás, ni para dormir, ni para comer; ni siquiera cuando, liberada de la cadena, iba en pos de nuevas fechorías: como la de colarse, como un ladrón furtivo, por la ventana  de alguna de las viviendas del campamento haciendo añicos todo aquello que se interponía en su camino y testando a su placer el alimento que esperaba en la cocina o en la mesa de cualquier hogar, para ser degustado por sus habitantes. El pequeño, lejos de parecer asustado y nervioso, se le veía feliz y tranquilo; solía llevarlo bajo el brazo, como quien lleva el periódico, e incluso lo arropaba bajo una de las axilas cuando tenía que comer, y había veces que lo llevaba de un lado a otro entre los dientes, como cualquier felino llevaría a su cría. Era tal la dependencia psicológica que tenía por el animalito, que cuando este tenía que alimentarse, lo sujetaba por la parte de atrás del cuello hasta que acababa, para volverlo después bajo su brazo. Y así, felices y carentes de monotonía pasaban los  días para Carola; en cambio, para Sara, era un puro sinvivir, entre queja y queja; disculpa y disculpa.

– ¡Estoy más que harta! -se lamentaba, mirando por la ventana el paseo inquieto de  Carola que soltaba su chillido más lastimero intentando tocar la fibra sensible de la dueña de la casa. La mirada  tierna era factor importante para alcanzar el objetivo, pero esta vez el bicho presentía que no le valdría de nada la puesta en escena.

– Cuando regrese el barco, la facturaré para algún zoo de la Península; no sería la primera vez que les envío bichos.

Salvador se rascaba la cabeza con aire pensativo con la vista puesta en el animal, que iba y venía con el vestido rojo de grandes flores de hibisco blancas y amarillas, que un día le robó a la buena de María Luisa y que ahora lucía con estilo; le había tomado cariño a Carola, pero comprendía que la chimpancé no podía tener en jaque a todo el campamento con sus desatinos; había que deshacerse de ella en cuanto regresara el barco… Carola pegó un salto desde el pequeño muro de piedra en donde se encontraba y se agarró a la cubierta que, colgando de una soga en el patio trasero, hacía las veces de columpio. Balanceándose, llegó hasta la ventana con el gato bajo un brazo y, apoyándose en el alféizar, soltó la goma y pasó el brazo libre por el cuello de Sara, a la que como siempre cogió desprevenida. Sin darle tiempo a reaccionar le acercó el morro a la cara estampándole un beso a su manera, dejando una impronta de babas en la mejilla, para después mirarla fijamente a los ojos con ese halo de inteligencia casi humana que a ella le ponía tan nerviosa…

www.amazon.es/La-Sombra-del-Egombe/dp/1463322526

www.lasombradelegombeegombe.com

May 222014
 

 

manolo astillero

Sin permiso del autor de este correo que me llegó hace unas horas,me he permitido dejarlo en “La Isla” para tod@s los que vivisteis esos años maravillosos, en esa tierra tan querida ,y para los que no la vivieron, pero la han llegado a amar  a través de las páginas de La Sombra del egombe egombe.
Gracias MANUEL TORIBIO por lo que has dejado aquí.
Un beso

MUCHAS GRACIAS QUERIDA NIÑA BLANCA GELINDA

 

 

 Querida amiga Linda: Muchas gracias por haber creado esa obra tan bonita de  ” La sombra del Egombe-egombe “. Hace un par de dias que  terminé de leerlo y te digo que si habré disfrutado con él, que en la edad que tengo  74 años, es la primera vez en mi vida que leo un libro con tantas páginas. Es un verdadero ladrillo jajaaaaaaaaaaaa. Me he emocionado mucho, con los episodios de nuestra guerra civil y los niños de la posguerra, pues yo he sido uno de ellos. Me he reído un jartón con las travesuras  e investigaciones de ” La niña blanca Gelinda ” y el bueno y borrachín de Pantaleón y ha sido un auténtico placer el pasearme por toda la isla y el continente, acompañado de OJOS DE GATO, LA ESCOPETILLA, TATIN Y LA NIÑA BLANCA GELINDA. 

     Como colofón te diré que sin proponértelo me has inmortalizado en tu libro y me siento muy honrado, máxime haciéndolo  junto a mi  Teniente D. Manuel Astillero, ya que en esa foto que has incluido al final y que yo guardo con mucho cariño, de la arriada de nuestra Bandera el 11 de Octubre del 68, estamos mi suegro y yo  delante de la vivienda de nuestro Cónsul, que es lo que indica esa placa que se observa en la pared. Como la foto está muy oscura solo se me ve un poco la camisa blanca y la corbata negra y mi suegro con cubana clara remangada por encima del codo, delante mía.  En la foto original se me ve perfectamente con mi acharolado y el uniforme.

       Bueno Linda, como te digo al principio muchas gracias por esta joya que nos has regalado, pues como dice Tatín todos los que hemos estado en aquel paraíso y lo amamos tenemos, un trocito en tu Egombe.Egombe. Ahora como tú dices ” Cuando no tenga otra cosa mejor que hacer “, cogeré mi ladrillo para deleitarme durante unos minutos, con la lectura de cualquiera de sus pasajes. 

         Que Dios te bendiga y bendiga a todos los tuyos, te de mucha salud y te siga iluminando para que sigas  creando obras tan bonitas como esta. 

          Un besote muy fuerte para ti y un abrazo para el muchachote de” Las gafas de espejo “, con todo mi cariño. El abuelo M. Toribio”.