Sep 242014
 

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En el repecho de la chimenea el reloj daba las cinco. Era un reloj de maquinaria vista y pequeñas bolas doradas, que bailaban sin parar “la danza de los segundos”con una delicada campana de cristal, protectora y coquetona,como mandaban los cánones del buen gusto de la época,que todas las tardes brillaba  con el penúltimo rayo de sol. Su tic tac suave,intermitente, y familiar, tenía el magnetismo de adormecer todo cuanto se movia a su alrededor.
Y el reloj daba “la y media”…
Un periquito de pecho azul, permanecía mudo en su jaula oservando desde la bendita altura el dormitar en un cesto de mimbre, de cojín trajinado por el tiempo, a un gato de angora de mirada indolente, al que los años y los platillos de riñones al jerez de su dueña le habían vuelto cómodo y capón.
Y ya son las seis, lo marcan las manecillas doradas del reloj; esbeltas y firmes en perfecta alineación…
El último rayo de luz se ha perdido en la noche dando paso al flirteo de las luces y las sombras, que proyecta una farola afincada en la acera de la esquina de la casa.  Y el reloj se siente bien, lo muestra acelerando el tic tac de las esferas doradas. Por la puerta entreabierta, un haz de luz se desliza por el suelo hasta tocar el estante más bajo de la libreria, iluminando a  Voltaire, en donde Cunegunda permanece dormida entre sus hojas,tal vez arrullada por el tic,tac del reloj que habíta bajo la frágil campana de cristal.
Y “la y media” han dado.
Unas risas jóvenes se atropellan por entrar. Son los gnomos del hogar que despiertan a “la y media” del reloj y su tic tac.. De colores y pequeños,tan pequeños que caben tres en un dedal. Rojo, añil, dorado y verde, y pecas en la nariz respingona. Las orejas puntiagudas, como lo cuentan los cuentos; cascabeles en los gorros y zapatos, y unas ganas tremendas de incordiar…
Y las siete son. No lo digo yo; lo dicen las manecillas del reloj.
Se enciende la luz de una lámpara junto al sillón, y el gato ronrronea al tiempo que balancea orgulloso su cola de angora. En lo alto, el periquito azul suelta un trino y luego otro. Los gnomos se divierten enredando las madejas de la Señorita Gumersinda, la dueña de la casa, que aún sigue esperando al apuesto relojero al que una tarde de invierno al dar las cinco, le compró el reloj de campana de cristal y al dar las seis, envueltos en las luces y las sombras de la farola de la esquina, le vendió su primera vez  sobre ese sillón de orejas grandes y ahora mudo de pasión…
Y son las ocho, y el tic tac de ese reloj, le dice “no volverá”…
Y son las diez, y el tic tac de ese reloj,le dice “olvidalo”…
Y son las doce, y el tic tac de ese reloj, le dice ” solo te queda el recuerdo”.
Y Cunegunda duerme entre las hojas del libro esperando a su Cádido…
Y Gumersinda sueña en el sillón con el sabor de sus besos…
Y Gumersinda sueña en el sillón con el tacto de su piel…
Y Gumersinda sueña en el sillón con la fuerza de sus ganas…
Y Gunersinda sueña en el sillon con el brillo de sus ojos…
Y Gumersinda llora en el sillón, recordando su primera y única vez.
Y en el repecho de la chimenea el reloj daba…

Feb 022014
 

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He sabido que me quieres…
Sé que me amas.
Y percibo tu deseo.
Se que sueñas el momento de encontrarme
Tal vez -piensas-,
al torcer aquella esquina,
a la salida de un cine,
en la parada del metro,
en el café de tu calle…
pero es tan improbable ese deseo…
Y he sabido que me quieres…
Y he sabido…

Jul 112011
 

No la había visto nunca pero era como si la conociera de toda la vida…: “las cosas del Internet”- murmuró. Le gustaba su forma de pensar,sus ratos de humor… pero su mayor encanto era ese don que tenía para leer en la distancia el estado de ánimo de aquell@s que como él navegaban por un mar imaginario hacia” la isla de los deseos incumplidos”. Era una persona que le hacía sentir como un adolescente ilusionado, y a él le gustaba, porque ¿cuanto tiempo hacía que no experimenta ciertos sentimientos en su interior? – sonrió pensando en que había llegado a ruborizarse como un chaval con granos, al releer alguna de las cosas que dejaba en la red – Y es que le parecía que las dejaba por él, y solo para él. Hasta habían mejorado las relaciones de cama con su pareja de toda la vida, porque solo tenía que pensar en ella y arropar ese pensamiento con alguna palabra… alguna frase de las que iba desgranando día a día, mes a mes, en cada post colgado con un par de pinzas de nube de algodón, en la ventana de su castillo virtual. ¡tenia gracia! porque así era como se sentía: flotando en una nube de algodón. Le resultaba extraño que él, que siempre había flipado por las tías buenas que se cruzaban en su camino: -¡porque haberlas hailas! – dijo en voz alta guiñándole un ojo a la rubia de tetas de silicona y piernas largas larguisimas, calzadas con aquellos tacones de aguja más propios de una Dómina en hora laboral, que de una administrativa sacando correspondencia a las nueve de la mañana- Tenía gracia que ahora solo se sintiera vivo frente a las teclas del ordenador, o enganchado al iphone…pi, pi, pi… Suena el iphone y piensa que ella ha colgado algo nuevo “para él” y olvidando a la dueña de las tetas de silicona y los tacones de aguja, ocupa la mesa de todos los días y se sumerge en ese mar imaginario que le transportará hasta “la isla de los deseos incumplidos”.
“De los deseos incumplidos”… para él ya no lo son, porque desde hace algún tiempo vuelve a sentirse vivo.
Y es que nadie como ella para leer en la distancia los estados de ánimo… Su estado de ánimo….
Y es que…Y es que…y es que… nadie como ella.
Y era como si la conociera de toda la vida…
Y nadie como ella…