Feb 102011
 





       Se fueron juntos a vivir, lo que tuvieran que vivir, una mañana de abril llevando en la mochila él: una foto de su madre, del padre no valía la pena, un llavero del Madrid, cuatro condones y un paquete de Maltesers entre un par de mudas y un cepillo de dientes cansado de su trabajo y a punto de su jubilación. Y ella se fue con él para vivir lo que la vida y las ganas de vivir le depararan, con su historia metida en una maleta pequeña de plástico de un rojo cereza, a la que aún no le había quitado ni la etiqueta del precio,”diez euros” marcaba. Los diez que había tomado prestado del monedero de su madre, porque padre no tenía, o al menos ella no lo conocía, con la promesa de reponerlos algún día no muy lejano en el calendario. Y en esa caja de plástico de ruedas pequeñas y endebles guardó, antes de dejar la casa que la vio crecer y a la madre que la parió, un pequeño oso de peluche despeluchado y cabeza de goma cuarteada y pegajosa por los cambios de tiempo, a lo largo del tiempo; dos “Princesas” de color turquesa, un paquete de compresas para esos “días” tan nuevos para ella y algunos afeites que su ego adolescente creía necesitar para” gustarle más”, sin darse cuenta de que a esa piel lozana, prieta, y tan llena de ganas de todo, ni falta que le hacía cargar con los afeites. Pero la chiquilla tenia disculpa porque nadie le explicó nunca,que los ungüentos y todo ese mundo de perlas negras, rosas o champán era solo necesario para la carne que ha perdido su jardín de primavera y solo le queda el de invierno. Un Campoamor de piel gastada con la hoja marcada en”Quien supiera escribir”, que un día perteneció a su abuela, o eso le contó más de una vez su madre, al arroparla tras un largo día de trabajo en el “Comer Bien”; el burguer enclavado al otro lado del río cerca del “barrio chino”, eran todos sus poderes; eso y los cuatro billetes que había ahorrado por obra y milagro de cambiar el autobús cotidiano que la llevaba de la casa al instituto y del instituto a casa, por ese “coche de San Fernando”, el de”un ratito a pie y otro andando”, y ese chicle ensalivado a falta del sandwich de la mañana.
Se fueron juntos a vivir una mañana de abril, con lluvia de regadera y olor a tierra mojada. Se fueron juntos con la ilusión de llegar al borde del arcoiris y para eso cogieron ese coche de “un ratito a pie y otro andando”, un par de chicles y una gran provisión de sueños e ilusiones, por si acaso “las vacas flacas” aunque no les importaba el”contigo pan y cebolla”.
Se fueron juntos a vivir lo que tuvieran que vivir ¡ y lo vivieron!
https://vimeo.com/122934557