Jul 102016
 

Insignia orden dragon

No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra…

 Nicolaus Modrussa.

 

         Esta es la única descripción conocida, de Vlad III Tepes (el empalador), hijo del príncipe de Valaquía Vlad II, más  conocido como Drácula a raíz de la novela de Bram Stoker. No fue un personaje de ficción sino de carne y hueso, al que a lo largo de los siglos se le ha presentado como un “muerto viviente con aires de Don Juán”. De carácter explosivo e  imprevisible,fue el más duro de todos los gobernantes de la Europa Oriental del S.XV. Los historiadores que definen a Vlad III el empalador como un héroe nacional destacan que, en aquel tiempo y lugar, el ejercicio del terror total, era la única manera de mantener a raya a las fuerzas abrumadoramente superiores como eran las de los turcos y los húngaros,que batallaban por la egemonía de las puertas de Asia y Europa, así que “cómo el fin justificaba los medios”, solía utilizar las tácticas de la guerrilla para acabar con ellos: incendiaba las tierras, envenenaba los pozos, y diezmaba los campamentos turcos con enfermos de tuberculosis…  Desde esta perspectiva, habría sido simplemente un hombre de su tiempo  con un sentido de la justicia muy particular y un patriotismo nada corriente para esa época tan convulsa. Así que desde este punto de vista, el príncipe de Valaquía, hizo lo estrictamente necesario para acobardar a los masivos ejércitos extranjeros y a los enemigos internos.

         Vlad III Tepes, mostró ya desde niño un gusto por lo morboso fuera de lo común. Disfrutaba recorriendo las mazmorras del castillo de su padre, igual que un niño cualquiera correteando por el desván de su abuela. Le encantaba almorzar en un bosque de empalados y mojaba el pan, según he leído, en la sangre de esos infelices. Hay mil leyendas sobre este, cuanto menos, enigmático personaje de la historia de Rumanía, pero como ninguna de ellas hablan de un día de campo, una montaña nevada, o una charla con los amigos, mejor lo dejo aquí…

         Tuvo una infancia traumática a causa de su condición de rehén de los turcos. Su vida estuvo llena de odios y venganzas y aunque no haya sido el personaje que Stoker nos describe, nada tiene que envidiarle, pues la sangre y el sufrimiento le acompañaron siempre, (en el siglo XX, durante el gobierno del partido comunista, Nicolac Ceausescu “Chauchescu” lo nombró Héroe Nacional). Cosa que me cuesta digerir, pero vamos que si esa era la tónica general para la defensa “del terruño”…

Lo cierto es que tenía una forma muy peculiar del sentido de acabar con la pobreza, la enfermedad, los indeseables y los gitanos que habitaban en Moldavia: ¡los mató a todos!

Murió en el campo de batalla combatiendo contra los turcos en 1476.

Tradicionalmente se ha considerado el monasterio (“la isla”) de Snagov como el lugar de enterramiento de Drácula, y ciertamente se encuentra allí, junto al altar, una tumba con su nombre, aunque en su interior sólo se han hallado restos de animales

  En Nápoles también se ha descubierto otra con su nombre y ciertos signos esculpidos en ella, que lo relacionan con el linaje de su familia. La cuestión es que no se sabe a ciencia cierta dónde fueron a parar sus restos, aunque yo me inclino por el campo de batalla… ¿Se perdieron? Yo no es por nada, pero hubiera preferido leer que estaban enterrados y bien enterraditos.

         Soy consciente de que Vlad III Tepes forma parte importante de la identidad cultural de Rumanía, pero voy a “romper una pica en Flandes” por las otras muchas cosas que lo identifican y por las que debe ser conocido como: la cultura Hamangia del Neolítico con su “Pensador”, Los Cárpatos, el Mar Negro, el Delta del Danubio, los monasterios del norte de Moldavia, sus vinos, sus tradiciones y sus gentes. Y como no ¡George Enescu! el gran compositor y director de orquesta Rumano.