Ene 252014
 

35730_1137832863539_2581529_n

… Ella echó a correr sin pararse si quiera a recoger la sombrilla caída en la hierba, corta y rala, de la explanada del campamento. Él se quedó con las palabras a medio hilván y el cuerpo a horcajadas del otro amor de su vida: esa Harley que lo embaucaba con el plácido ronroneo de su escape,que a esa hora del atardecer centelleaba por obra y milagro de un rayo dorado del sol de las cinco.Afianzó el maldito pasador y levantó la vista a las copas de las palmeras que bordeaba la tapia del recinto. El barullo era colosal porque cientos de golondrinas de pecho amarillo regresaban a sus nidos de barro, anclados en lo más alto de cada tronco para descansar hasta el nuevo dia. Echó un vistazo al Cuerpo de Guardia, en donde al verlo entrar los hombre tiraron el tablero del “mángala” al ponerse en posición, esparciendose las semillas por el suelo.Con un gesto de la mano a modo de “descansen” y un “recoged todas las piezas del suelo, que alguien se puede partir la cabeza”, enfiló las oficinas con el pensamiento puesto en “la Escopetilla”. Se les había hecho un poco arde por culpa del pasador. Ella le habia dicho: “Si nos retrasamos me van matar”.Pero no podia regresar sin él. Al subir la marea lo habría perdido para siempre y menudo jaleo. Ahora se sentía incómodo con la situación, así que tendría que ir a casa de su compañero a dar una explicación por la tardanza. Claro que si no la hubiera abrazado tanto y tan fuerte …Si hubiera llevado el pelo recogido como a él le gustaba, tal vez no se habría enredado … o tal vez la aguja del pasador simplemente estaba mal sujeta…Tal vez .. .no llegó a entrar a la oficina. El pensamiento de que si no daba una explicación al viejo Camaró llevaba las de perder por partida doble, le hizo apresurar eI paso. Conocía bien a “Masa gasolina “, que haciendo honor al mote con el que los negros le habían bautizado, explotaba con facilidad aunque después no fuera nadie, pero hasta que se le pasaba el arrebato … Y es que se esfumaría la confianza que su compañero había puesto en él dándole el consentimiento para casarse con su hija. Lo divisó sentado en el porche en uno de los martirizantes sillones de estilo colonial con un vaso de limonada en la mano, y el bastón de melongo sobre la mesa. Él fue el primero en romper el silencio pero no contestó a su saludo, ni le invitó a sentarse.
– No ha pasado nada, Salvador … Tienes que creerme. La culpa ha sido mía por quedarnos a buscar el pasador. Quizá tenía que haberla devuelto a casa y luego regresar a por él, pero se habría hecho de noche y ya no iba a encontrarlo…
-Salvador escuchaba en silencio con la mirada perdida en un grupo de hormigas que se afanaban en arrastrar un pedazo de hoja del egombe-egombe.
_ Tengo que creerte, Angel, pero parece mentira que no cayeras en cómo es la gente y en los comentarios que puedan rodar por ahi …
_ Lo siento. No volverá a ocurrir. Te doy mi palabra -dijo ofreciendo la mano a su amigo y compañero.
«Te di mi palabra y la cumpliré hasta el día en que la vuelva a tener entre mis brazos, porque ya será mi mujer. Pero no voy a negar,ahora que no te tengo frente a mí, que aquella tarde me habría perdido con ella», dijo en voz alta con los ojos en el sobre …. «me habría perdido … ».
y salió del camarote buscando la Cruz del Sur.