Ago 252011
 

Pasada la curva, nos encontramos a este señor entre sus tomates y rosales. Ahora que tanta falta hace la concienciación de lo importante que es cuidar

 

como esta moderna biblioteca,hay unas cuantas en taipei para uso y disfrute de universitarios y del público en general. Merece la pena visitarla.

 

Ya en el interior

 

…….Como tantas otras noches no paramos a un taxi. Preferimos caminar dando un paseo ladera arriba, hasta el hotel, que realmente no estaba tan lejos del apartamento; es un bello recorrido que merece la pena hacer, admirando la vegetación, mientras inspiras profundamente para llenar los pulmones de aire limpio con olor a tierra mojada. Se quedó a un lado el museo Etnográfico, custodiado por una guardia de simpáticos enanos de madera, con los que tuve el honor de compartir una foto , y sin salirnos del camino bajamos, siempre lo hacíamos cuando subíamos andando hasta el hotel, unas escaleras para admirar desde esa perspectiva la biblioteca: un moderno y diáfano edificio en el que, como en una “granja de hormigas”, podías ver a las personas buceando entre libros. Y allí, desde un suelo de madera y apoyados en la baranda de un río de aguas termales, estuvimos no se cuanto tiempo, enganchados a la mágica visión que las nubes de vapor dibujaban en la noche a la luz ambarina de las farolas, y a la seducción de las caprichosas siluetas, distorsionadas por el vaho, que a lo largo de los márgenes veíamos; formas en las que mi “exacerbada” imaginación quería entrever espíritus del bien y del mal, pero que no eran otra cosa que “pobres mortales” con el agua hasta la rodilla, buscando alivio para sus maltrechos huesos. Un mar de nenúfares, y unos peces de colores, junto al ruido casi ensordecedor de ranas y cigarras, completaban la escena. Con la sensación, al menos yo, de salir de un cuadro continuamos, paso a paso, dejando a tras los cuatro o cinco hoteles de la zona con sus luces y música navideña, en pleno junio, subiendo la cuesta hasta divisar entre los árboles el pequeño templo japonés derruido, tiempo atrás, por un terremoto; el santuario nos daba la bienvenida indicándonos que el Spá estaba cerca, y que solo quedaba pasar un pequeño hotel, y doblar peligrosamente a la derecha en donde la curva de la carretera se estrechaba hasta e punto de que solo cabía un vehículo.
– Hazme una foto con la bruja
La comienzo de la curva una pequeña bruja tradicional, de las de escoba y barbilla puntiaguda, vigilaba al caminante desde la columna en la que había sido colocada. Cosa entraña en esas latitudes puesto, que sepamos, en su cultura, si existen las brujas, no creo que las materialicen con gorro, verruga y escoba…
– Good night… – la fina vocecita de la recepcionista me hizo sonreír recordando el comentario del cerdito, sobre la voz de “camionera”, que ponen cuando creen que nadie las oye…
– Good night…- respondo yo con el mismo timbre de voz, recogiendo la llave de nuestra habitación.

…………. – Ángel ¿has visitado la biblioteca y la parte del río, que hay yendo para el hotel?
– no me he dado cuenta de que por allí haya una biblioteca…; la zona del río si, y es guapa…
– ¡Hombre, pues me alegro que hayas visto algo!
– Mater, que lo tengo al lado…
– Si, pero la biblioteca no la has visto…
– Vale, cuando tenga un momento iré…
– Y de los enanos que hay en la acera del museo Etnográfico?
– A esos si los he visto, porque me recuerdan a ti…
– Sabía que me ibas a decir eso je, je, je…