Dic 132015
 

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       En el recuerdo…

— ¡Baja ahora mismo del castaño! ¡Eres de la piel del diablo! Ya está bien de libros…
— ¡Madre, madre! ¡Mira qué fruta, parece rica! Aquí dice piña y aquí, papaya… ¿Aguacate? uuummm… tienen que estar ricas.
— Ya veo… Anda, coge el cubo de la comida de los cerdos y vete a echarles de comer… ¿Y quién dices que te ha dejado ese libro? –me dices, madre, mirando de reojo los dibujos de una de las páginas…
— El señor cura, madre… es un libro de ciencias naturales…
— ¿?
— Habla de árboles, de flores y plantas…
— Y de huertas… ¿también habla de huertas?
— Me parece que no… pero…
— Anda espabila, que después de los cerdos me tienes que ayudar a recoger los tomates, que se los están comiendo los pájaros…
— Ya voy, madre… — y abrazo tu cuerpo delgado y pequeño. Y te miro a los ojos; esos ojos verdes, tan claros, como los tiernos brotes de primavera de tu pequeño jardín… Un mechón rubio asoma descarado por debajo del pañuelo que te recoge el pelo y mis dedos intentan con torpeza volverlo a su lugar…
— Anda, anda, no seas zalamero que no te vas a librar de la faena — y me coges de la muñeca, con mano firme y siento la aspereza de la palma, reseca y agrietada, que habla de niños… de caricias… de noches en vela… de mortajas… de pan hecho en casa… de coladas en el río… de huertas… y de días, de meses, de años… De toda una vida cuidando el hogar…

Ago 152013
 

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Las flores de la mañana de primavera, de tu balcón.
Las hojas verde limón.
¡Cómo me gustan!
El agua de regadera,
marcando el mapa de mi lascivia en tu blusa blanca
La brisa que juega al corro con el revuelo de tu vestido.
El pelo suelto;
la piel oscura como una onza de chocolate.
¡Y como me gustas niña!
Y el movimiento de tus caderas,
Y la sonrisa de tu mirada
¡Como me gustan!
Hueles a miel;
a miel de flores,
a albahaca fresca,
a hoja de menta…
Dejame que te diga niña,
que me enamoras.
Que pienso en ti.
Que yo te quiero.
Que tú me gustas.
Que yo te adoro.
Y el gua de regadera
Y mi lascivia,
y tu inocencia…
¡Como te quiero!

y

Oct 262011
 

Llevame contigo…

 

 

 

 

No llores en mi entierro;

no merece la pena.
No me lleves flores “porfa”;
están muy caras y pronto se marchitan.
Guardame en tu memoria como un recuerdo de infancia;
como un secreto de amor.
Llevame en tu pensamiento siempre…
A la hora del café de la mañana.
Cuando sientas en los labios el calor del vino tinto.
Cuando estreches una mano,
cuando rías;
cuando te den un abrazo.
Llevame en tu pensamiento siempre,
cuando te acaricie el viento,
cuando te frotes los ojos de cansancio frente al ordenador…
Y llevame en tu recuerdo cuando mires las estrella o la luna,
cuando llueva;
cuando abras el paraguas y el viento te lo desarme…
Llevame por favor en tus logros y fracasos.
No me llores…
No me lleves flores…
Mejor llevame contigo.
Guardame en tu memoria como un recuerdo de infancia.
Como un secreto de amor…