Feb 012016
 

     05Ojos de Gato a la derecha de la foto 006

       En el recuerdo…

       …Corría el mes de agosto del treinta y seis y la guerra azotaba con toda su virulencia hasta el último rincón. Día tras día, en moto o en automóvil; bajo los rayos del sol o el claro de la luna; acompañado por el polvo del camino, el dolor y la muerte, cumplía con la misión que le asignaban. Los veía pasar, llegaban a Estella de todos los frentes; eran muchos los heridos y muchos también los muertos para ser enterrados en la tierra que les vio nacer. Pensó en María Teresa, allí en el hospital, entre “sus pobrecitos” (así llamaba a los infelices que llegaban heridos: medio muertos o muertos, le daba igual, para ella todos eran “sus pobrecitos”). Le parecía estar oyéndola con ese tono maternal que le salía de adentro, tan distinto al que empleaba para hablar de los dos… Yo tenía un camarada…entre todos el mejor… interrumpe sus pensamientos porque en esa diáspora que avanza ante sus ojos se escucha la oración de guerra que los hace uno… Siempre juntos caminábamos, siempre juntos avanzábamos, al redoble del tambor. Al redoble del tambor… Entre lamentos y silencios se alzan las voces… Gloria, gloria, gloria, victoria. Con el cuerpo, con el alma, con la novia de la mano, por la patria nuestros cantos que vuelen y el viento los lleve por allí. En España, en España, qué hermoso amanecer… En España, qué hermoso amanecer, amanecer… no se para aunque ha creído reconocer en uno de los camiones a un compañero, y le da más gas a la moto siguiendo su camino sorteando el convoy y los pertrechos de guerra aparcados al lado de la carretera y es entonces cuando une su voz a la del resto… Cerca suena una descarga, va por ti o va por mí, y a mis pies cayó herido, el amigo más querido y en su faz la muerte vi… y en su faz la muerte vi… Él me pedía la mano, mientras yo el fusil cargué, yo le quise dar la mía, mientras tanto él me decía “por España moriré, por España moriré”… Gloria, gloria, gloria victoria, en España, en España, ya vuelve a amanecer. Las voces del convoy han quedado atrás y con ellas la suya. El tañido de campanas y la silueta de Estella que se recorta en el cielo entre luces y sombras lo hacen frenar. Junto al pueblo, su viejo y fiel caballero el río Agra con sus riberas vacías de la gente alegre y despreocupada, que hasta no hacía tanto tiempo paseaba por ellas. Familias, amigos y enamorados, se cobijan en verano bajo sus árboles que ahora, a falta de gente a la que amparar del sol y pájaros a los que albergar, le costaba contemplar sin algo de melancolía. Y allí a horcajadas sobre la moto, rebusca en el bolsillo del pantalón la caja de cerillas y el paquete de tabaco. Enciende un cigarrillo y lo mantiene entre los labios, a la par que extrae de la guerrera un sobre con el membrete del cuartel general de Franco. Sin miramientos, rasga el sobre y lee rápido lo escrito: le habían destinado al frente de Toledo y estaba firmado por el general Franco Salgado. Guardó la carta en un bolsillo de la camisa y apuró el cigarrillo, contemplando el ocaso de un sol rojizo, en el que se dibuja la silueta de una bandada de pájaros que vuela hacía alguna parte sin inmutarse, ante el tronar de los cañones. A él tampoco le afecta después de tres días, con sus noches sin dormir, de un lado a otro cumpliendo órdenes. «Un par de caladas más y en marcha otra vez». Por fin habían dado contestación a su petición. A la primera patada ruge el motor y sigue su camino dando gracias al sol por dejar paso a la noche que llega acompañada de “la buena brisa”…