Ene 232016
 

       18papalelo y los monguitos

       Una taza de café de la tierra que el boy ha dejado para él, le espera sobre la mesa del comedor. A su lado, junto a la quinina, un azucarero y una caja de galletas que no prueba. «Solo el café y la quinina», es lo que piensa y es lo que toma; su estómago no admite más cuando le toca atravesar los manglares…
Rompe un nuevo día con el sol despuntando en el horizonte. Un gallo canta, después otro y otro le responde, porque todos quieren ser los amos del gallinero. De fondo, la loca algarabía de las gaviotas no consigue apagar la resonancia que, desde un egombe—egombe, emite un tucán. Arranca la moto, no sin antes asegurarse de que la Star se encuentra en la funda y el pesado salacot en su cabeza. En el horizonte, un par de barcos que se acercan a la costa; fondeados otros tantos, esperando llenar las bodegas con la buena y resistente madera de okume o la caoba dura y la samanguila, con el duro corazón del árbol del ébano… del palo rojo, del palisandro y del aves… La Harley rueda rompiendo la mañana, con esa cantinela suave de motor. Piensa en todo lo que ha corrido a lomos de las Harley a lo largo de su vida. «Mi vieja y fiel compañera», murmura frenando en seco ante el tronco comido de termitas que cruza el sendero. Se acuerda de la madre tierra y de los padres de todas las termitas, mientras empuja la moto por donde puede, hasta volver al camino, ya sin tronco. Y el poblado de Idolo se queda atrás junto al río Comgüe; se pierde entre el polvo y la vegetación. Después de catorce kilómetros más, Akalayong aparece delimitando el camino de tierra. A su llegada, monguitos de vientres hinchados por las insalubres aguas del Congúe, se acercan con los pies descalzos. Los ojos oscuros, redondos y grandes le observan con los mocos colgando; las moscas pesadas e impertinentes también se acercan a recibirle, junto con los habitantes y el jefe del poblado. Unas cuantas gallinas de bosque y tres cabras tan viejas como la madre de Matusalén, cierran el séquito. El jefe sabe; todos saben que la moto se queda en el lugar más relevante del poblado hasta su regreso: la casa de la palabra. En la orilla, un cayuco y dos negros con remos y pértigas, para según se presente el trayecto. Se alejaron del poblado perdiéndose entre los manglares: él con un huevo de pato en una mano y el molesto cosquilleo en su espalda, ocasionado por un manojo de hierba luisa, con el que el negro que tenía tras él le atizaba continuamente para espantar a las tse tsé y otros insectos. Y así era siempre: se adentraban por entre los manglares, navegando sobre aguas oscuras y quietas, envueltos en un turbador silencio. Solo el continuo latiguillo de la hierba luisa, roto a veces por el grito de algún animal o el inconfundible sonido del hacha de algún nativo devastando la selva. Sobre sus cabezas, un cielo forjado por las altas copas de los árboles formaba, junto a una maraña de gruesas lianas, un techo cerrado a la luz, sumiendo al paisaje en las sombras. Un aire opresivo y pesado hacía irrespirable cada tramo de manglar. Gotas de sudor recorrían la piel de los hombres sin pararse a pensar si aquella que recorrían era blanca o negra; si estaba protegida del sol o solo vestía su desnudez. Y al fin pisaron la tierra en donde la tse—tsé era la reina. Un Jeep le esperaba para inspeccionar los bosques de la demarcación de loro*, y tras dejar el cayuco a salvo de las aguas oscuras y quietas, se alejaron de los manglares recorriendo esa parte de la selva ecuatorial, sin que el río los perdiera de vista. Él y ellos viajaban en la misma dirección, hacia el puesto militar en el sorprendente estuario de Muni, por donde remolcadores y lanchas, a lo largo de veinticinco kilómetros, surcaban las aguas de los ríos que allí confluían; aguas profundas y caudalosas, aguas que hacían del Muni un puerto natural. En la ladera del monte el terreno pintado de verde cinabrio se veía espolvoreado por los blancos edificios de los comerciantes, que atraídos por la fiebre de la madera, habían instalado en Cogo (loro), sus factorías. Arriba, en lo más alto, un reducido destacamento de la Guardia Colonial se erigía vigilante junto al hospital y la casa de las misioneras. Pasaron por la principal y única calle del pueblo, en la que el ajetreo era mucho, entre los comerciantes madereros que acudían con sus trozas esperando a que las lanchas las arrastraran hasta los buques fondeados en sus aguas. Comerciantes del Utamboni, del Combué, y de otros muchos afluentes confluían en ese pequeño mundo, cuya vida era el río y la madera. Y ya en lo alto, la figura de un hombre rechoncho y cabezón le daba la bienvenida agitando el salacot. Era el instructor Martínez, un personaje controvertido por sus terribles cambios de humor que hacían pensar que no estaba muy bien de la cabeza. Eso era lo que se decía, aunque con él nunca había tenido problemas.
Tras la comida y una charla amable con Martínez, siguió el itinerario marcado; quería acabar pronto y regresar cuanto antes a Río Benito, que ahora le parecía el paraíso si lo comparaba con esa población.
Como siempre que ponía el pie en el poblado de Akalayong, la expresión de su cara cambiaba por completo. Ahora pasaría un buen periodo de tiempo antes de regresar a los manglares, siempre y cuando no hubiera ningún contratiempo. Y como siempre, el pequeño poblado parecía vestirse de fiesta por el feliz regreso del Masa blanco y los dos hombres de su comunidad, que con él habían partido hacia la tierra de la mosca, que llamaba a los espíritus de la noche para que arrebataran el sueño a cualquiera que se interpusiera en el camino. Danzaron, rieron y le ofrecieron leche de cabra vieja en un coco vacío, tan usado y reseco como las ubres de la cabra a la que habían ordeñado.
— No. La leche para los monguitos –dice rehusando el coco ahora decorado por una moscarda, cuyas alas al sol se veían pintarrajeadas de verde botella y violeta. Y extendiendo la mano le indica el huevo de pato que una mujer a su lado lleva con reverencia en una escudilla de barro.
— ¿Tú quieres solo huevo? —le pregunta a la vez que chasquea los dedos a la mujer, que mantiene la escudilla con la misma delicadeza que una geisha mantendría la tetera del mismísimo emperador del Japón.
— Yo quiero solo el huevo –le contesta.
Se despidió del pequeño poblado, con la mano en alto, la sonrisa en los labios y una patada al pedal, que hizo rugir el motor de la Harley. Una nube de polvo es todo lo que quedó de su paso por Akalayong; bueno, eso y el estómago de algún pequeño un poco menos vacío, gracias a la leche de la vieja cabra.
Era noche cerrada cuando llegó al campamento. La luna brillaba en lo alto y en el mar titilaban las luces de los barcos, anclados lejos de la corona de arena. El susurro del viento hilado entre las palmas de los cocoteros y el runrún de las olas muriendo en la playa, le recordaron que ya estaba donde debía estar. En la pared, junto a la puerta cerrada del hogar, una lámpara de bosque alumbraba el camino de regreso con una llama del color de los caquis madurados al sol. Y en derredor, como si ella fuera el mismo sol, unos cuantos insectos, revoloteaban con la vana esperanza de perderse en su interior. Ya en el interior, atravesó a oscuras el comedor hasta llegar a la habitación en donde un rayo de luna se había colado, sin que nadie lo invitara, por un pequeño hueco de una lámina rota de la mallorquina. Acomodando la vista a la suave luz, se desvistió como pudo tanteando cada mueble de la habitación. Junto a la cama cubierta por el mosquitero, Tatín dormía ajena al mundo en su cuna de palo rosa, protegida por su pequeño mosquitero de tul…

Ene 122015
 

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En el cielo brilla el sol,
y en la casa hace calor.
El tic tac del reloj en el rincón;
la gota del grifo del fregadero que no acaba de acabar.
Un chico en monopatín pasando por mi ventana con la gorra del revés,
y los vaqueros colgando de las caderas.
Una escalera vacía lleva a una alcoba aburrida sin juego del almohadón,
sin suspiros,sin caricias bajo un tejado de plumas de edredón.
Solo sombras de pared y en la mesilla de noche,
sobre ese libro que nunca acabo de leer,
tu recuerdo de papel a trazos gordos,
escrito en un recibo del banco;el de la luz.
Y te siento en el pasillo,en el baño,en la cocina…
Y juego a ser Peter Pan queriendo atrapar tu sombra en la pared;
queriendo encerrar tu risa en la caja de cartón de las gomas de borrar.
Borrar…
Borrar los sueños con lágrimas.
Borrar los recuerdos malos y empapelar las paredes con los buenos,
los mejores, y los “tope de los guay”.
Y abrazarme a la pared buscando tu sombra…
y sentir la brisa de la mañana sobre la cama,
imaginando que son tus manos jugando a las tres en raya sobre mi piel.
Y tanto en falta te echo…
y te echo tanto en falta,
que he dejado una nota en mi corazón,
por si a caso aparece otra vida queriendo ocupar tu sitio:
ni se alquila,
ni se vende,
ni okupas,
ni trincheraires,
ni rollos por una noche,
ni encuentros en la pensión de la calle del olvido.
Y abrazada a la pared…
Tu sombra, y cama vacía…
Los malos sueños…
los buenos sueños…
La gota del fregadero que no acaba de acabar…
Un claxón,un petardeo de una Harley al pasar;
Y a lo lejos el comadreo de una vecina;
y aquí cerca,justo al borde de mi cama,
el aroma de tu piel,
y en la pared,
esa sombra del recuerdo de tu vida,
que no es otra que la mía…
y abrarazada a la pared…
y tu sombra;no la mía…

 

Dic 062014
 

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Pues…estoy pensando que tras una mañana ventosa de Harley me he comido un pedazo de trozo,de cacho de pizza de “no te menees”,y llevo toda la tarde pensando en mi Mario de mis entretelas, el nutricionista que intenta llevarme por el camino de la vida sana,y cuerpo sin lorzas. Solo de pensar que el miércoles he de responder ante su presencia, y bajo la presión de una báscula chivata y despiadada,me pongo tan nerviosa como una de esas damiselas del XVIII. ¡Asco de metabolismo! Un@s se inflan a tocinillos de cielo y tan panchos,mientras que otr@s nos pasmos la vida entre bocado y bocado a” la fruta de la tristeza”;que no es otra que la socorrida manzana, por eso de que cuando le dices a tu mentor dietético”tengo hambre”,él te contesta…!pues comete una manzana!.Cómete una manzana y  la piña en lata. Bébete dos litros de H2O ,o a ser posible cuatro por eso de eliminar y no te olvides de andar a paso ligero cuatro,cinco u ocho kilómetros todos los dias ¡ja! al final con tanto líquido y entre tanta caminata, un@ tiene que ir parando en un bareto y otro “pá eliminar”,con el consiguiente contratiempo de ir encendiendo y apagando el runmeter del iPhone, conforme  vas entrando en “los pipisrooms” de todos los baretos habidos y por haber en el itinerario,y como no está nada bien hacer uso de los susodichos sin consumir, pues te vas inflando a cortados con lo que haces “de la torta un pan”,porque además de “hacerte pipi”,te quedas toda las noches sin dormir ,como los buhos.¡Asco de metebolismo!

Ene 252014
 

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… Ella echó a correr sin pararse si quiera a recoger la sombrilla caída en la hierba, corta y rala, de la explanada del campamento. Él se quedó con las palabras a medio hilván y el cuerpo a horcajadas del otro amor de su vida: esa Harley que lo embaucaba con el plácido ronroneo de su escape,que a esa hora del atardecer centelleaba por obra y milagro de un rayo dorado del sol de las cinco.Afianzó el maldito pasador y levantó la vista a las copas de las palmeras que bordeaba la tapia del recinto. El barullo era colosal porque cientos de golondrinas de pecho amarillo regresaban a sus nidos de barro, anclados en lo más alto de cada tronco para descansar hasta el nuevo dia. Echó un vistazo al Cuerpo de Guardia, en donde al verlo entrar los hombre tiraron el tablero del “mángala” al ponerse en posición, esparciendose las semillas por el suelo.Con un gesto de la mano a modo de “descansen” y un “recoged todas las piezas del suelo, que alguien se puede partir la cabeza”, enfiló las oficinas con el pensamiento puesto en “la Escopetilla”. Se les había hecho un poco arde por culpa del pasador. Ella le habia dicho: “Si nos retrasamos me van matar”.Pero no podia regresar sin él. Al subir la marea lo habría perdido para siempre y menudo jaleo. Ahora se sentía incómodo con la situación, así que tendría que ir a casa de su compañero a dar una explicación por la tardanza. Claro que si no la hubiera abrazado tanto y tan fuerte …Si hubiera llevado el pelo recogido como a él le gustaba, tal vez no se habría enredado … o tal vez la aguja del pasador simplemente estaba mal sujeta…Tal vez .. .no llegó a entrar a la oficina. El pensamiento de que si no daba una explicación al viejo Camaró llevaba las de perder por partida doble, le hizo apresurar eI paso. Conocía bien a “Masa gasolina “, que haciendo honor al mote con el que los negros le habían bautizado, explotaba con facilidad aunque después no fuera nadie, pero hasta que se le pasaba el arrebato … Y es que se esfumaría la confianza que su compañero había puesto en él dándole el consentimiento para casarse con su hija. Lo divisó sentado en el porche en uno de los martirizantes sillones de estilo colonial con un vaso de limonada en la mano, y el bastón de melongo sobre la mesa. Él fue el primero en romper el silencio pero no contestó a su saludo, ni le invitó a sentarse.
– No ha pasado nada, Salvador … Tienes que creerme. La culpa ha sido mía por quedarnos a buscar el pasador. Quizá tenía que haberla devuelto a casa y luego regresar a por él, pero se habría hecho de noche y ya no iba a encontrarlo…
-Salvador escuchaba en silencio con la mirada perdida en un grupo de hormigas que se afanaban en arrastrar un pedazo de hoja del egombe-egombe.
_ Tengo que creerte, Angel, pero parece mentira que no cayeras en cómo es la gente y en los comentarios que puedan rodar por ahi …
_ Lo siento. No volverá a ocurrir. Te doy mi palabra -dijo ofreciendo la mano a su amigo y compañero.
«Te di mi palabra y la cumpliré hasta el día en que la vuelva a tener entre mis brazos, porque ya será mi mujer. Pero no voy a negar,ahora que no te tengo frente a mí, que aquella tarde me habría perdido con ella», dijo en voz alta con los ojos en el sobre …. «me habría perdido … ».
y salió del camarote buscando la Cruz del Sur.

Oct 062012
 

 

 

¡JA,ja,ja! ¡Juaaaa! ¡Juaaa! ¡Juaaa! tararí,tarará.Tatachín,tatachán!!! qhshdhfhsir. yapadapaduuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!! RRRRRRRRRRRREEEEEEEEEEEEEE….Breeeeeeeeeeeeee ¡a…..chíssss! ¡Jesús! ¡Gracias! ¡Jua,jua,jua! ¿?¿?¿?¿?¿ ¡UUUUUUUFFFFFF! Y ahora cuento hasta cieeennn: Uno,dos,ters,cuatro,cinco,seis,siete,ocho,nueve,diez,once,doce,trece,catorce,quince,dieciesei,diecisiete,dieciocho,diecinueve,veinte…tatan,tan,tanta,y otros tantos y…¡Cien! Cien borregos he contado y aún estoy con los ojos como dos platos soperos de los que mi abuela guardaba en la vitrina como oro en paño,y a los que ni ninguna femina de la familia hizo después ni puñetero caso. Ni la pastilleja ,ni la infusión de “Duerme bien” made in Mercadona,ni “ná,de ná” consigue que al plomazo de mi neurona diga “etoy canzá”.Y menos mal que he conseguido ver y parlotear con alguien a quien quiero mucho y que anda perdido en los confines del mundo,nunca mejor dicho. Debería estar ya acostumbrada pero es una lucha que no he ganado todavía,ni creo que pueda vencer a la nostalgia que da la distancia…Te he visto ,y hemos hablado un ratito corto,de esos de musaraña.Te he visto y me he dado cuenta de que todo iba bien;de que estabas bien ¿Sabes? hay luz en tu mirada, y la sonrisa de tu cara es tan amplia como una rodaja de sandia de esa de Marruecos, que pesan veinticinco kilos.Me has dicho:-está lloviendo.
Te he dicho cuidate ,y no olvides que sin ti, a este tronco le falta una rama.Te esperamos por navidad…
– Allí estaré
Te olvidaste decir:si Dios quiere.Es muy importante,no te olvides de invitarle siempre a lo que te montes,pues es un tio “mú enrollao”…
-Cuidate…
-Tú tambien…
Y debería estar ya acostumbrada…
Ni creo que pueda vencer a la nostalgia que da la distancia…
Y…un ,dos,tres,cuatro,cinco…Mi neurona dice no me voy,la pesada con la que tengo que vivir me lleva secuestrada a la cama porque dice que no es de “mujeres decentes” estar a estas horas de la madrugada trasnochando por estos vericuetos “del internete” dejando hablar al corazón,y menos contando borregos que no me hacen ni puñetero caso…
Y…uno,y dos,y tres…Me voy a la cama.Os permito la licencia de ponerme como hoja de perejil y contar a los cuatro vientos que estoy como una Harley.Je…je…je…
Y vendrá por navidad,si DIOS lo quiere.
Y vendrá….