Ene 112010
 

Está lloviendo; bueno sigue lloviendo, porque desde que llegamos no ha dejado de hacerlo, y una gaviota se ha posado en el alféizar de mi ventana ¡la madre que la parió! menudo susto me ha dado. Es pequeña la puñetera, pero a pesar de ello tiene que hacer malabarismos para quedarse donde está. Me mira con descaro desde uno ojos redondos como dos chinchetas de colores, a la par que estira el cuello como la maruja cotilla de una comunidad de vecinos cualquiera. ¡Toc, toc, toc,toctoc…picotea en el cristal con su pico grande y fuerte, que a mi me recuerda a la uña de un sarmentoso dedo de bruja;la bruja de “Hansel y Gretel con su casita de chocolate”¡Vete! exclamo a la par que golpeo en mi ventana. Nada, un par de aspavientos y un medio abrir y cerrar de alas, porque no da para más el hueco que ha escogido, pero ni intención de tomar “las de Villa Diego”. Por el claro que ha tenido a bien dejarme, puedo ver las ramas de uno de los esbeltos palmitos que adornan la calle, junto al viento, y digo “junto al viento” porque es tal el vaivén; el ir y venir de esas ramas a la par que el viento, que a mi me recuerdan a una de esas parejas de baile de salón, que van y vienen, vienen y van como si los dos fuesen uno, deslizándose sobre una nube de algodón, o una estrella de plata bruñida por el sol durante una de esas tediosas noches, en que aguarda en la trastienda del firmamento a que la luna se canse de otear la esfera azul, en busca de algún trocito de lago, de playa, de río, o de mar, en el que no haya visto reflejada su cara linda; su lado bueno. Las ramas de los palmitos esbeltos, van y vienen, vienen y van, con el viento enroscado entre los tajos de las ramas que una vez fueron… – ¡Te quieres largar de una vez! ¡No me mires con tus ojos de chincheta – y ella me mira altanera mientras las plumas del cogote, se le arremolinan con el viento. temo que rompa el cristal aunque es de”klimates”….No se por qué pero ha decidido emprender el vuelo bajo la lluvia. La observo y no ha ido muy lejos la muy pendona; solo hasta el edificio de enfrente… a mi me parece que está desorientada porque en seis años que llevo aquí, solo se habían colado en el balcón: hay espacio y son unas descaradas, están tan acostumbradas a los humanos, que ni se inmutan: estoy pensando en traerme una como mascota, a la jaima…es broma, hago esta aclaración porque se que algun@ queme conoce bien pensará que capaz soy; no es una broma ¡porque son demasiado grandes cuando extienden sus alas! que …je, je, je…
Desde mi ventana veo caer la lluvia, y en el soportal de enfrente un hombre joven tirado en el suelo con el brazo izquierdo flexionado a modo de almohada, y sin una prenda de abrigo, ve caer la lluvia como yo ¿como yo? ¡pero que estúpida soy! Lo observo de cuando en cuando mientras tecleo. Pienso que está dormido ¡pero que estúpida soy! ¿dormido con este frío? anda que yo también… Se ha reclinado un poco, para mirar ¿que? a un señor con paraguas que espera no muy lejos de donde él se encuentra. Se levanta y se le acerca, mientras el señor lo intuye y comienza a pasear; son solo unos pasos, los suficientes para calmar esa molesta inquietud que a casi todos nos entra cuando la miseria se nos acerca: le pide y se lo niega, y el hombre joven vuelve a su lugar y el señor mayor cruza la calle solitaria de humanos. Solo el viento y los palmitos que adornan mi calle. Ellos vienen, vienen y van, mientras dos seres los observan danzar. Uno desde su ventana, y el otro desde su rincón en el soportal del edificio de enfrente, bajo un mural de cerámica en la que el artista ha plasmado una Ceuta marinera.