Oct 142011
 

 

En la gran Shanghai...

Hasta su apartamento...

Y nos introdujo en un taxi...

¡Por fin! llegó ese abrazo tan deseado.

Y una vez recogidas las maletas...

 

El uniforme de Emirates es un rato original, claro que el velo se lo quitabn a la hora de currar por el avión pues

El uniforme de Emirates es un rato original, claro que el velo se lo quitabn a la hora de currar...

Y ella nos despidió así...

 

Y por fin en el aeropuerto de Pudong International de Shanghai...

Otros en cambio descansan como pueden hasta enlazar con sus vuelos...

Para un@s era el final del trayecto...

Aterrizando...

De madrugada,apunto de aterrizar en el aeropuerto de Dubai...

LA foto está algo desenfocada pero no he querido dejar de colgarla por esa bella sonrisa con la que posó amablemente para nosotros,una de las azafatas a la entrada del avión.

 

Ya en el avión cada uno se va apañando hasta encontrar su "hogar por veinticuatro horas"...

Mientras esperabamos nuestro vuelo,en un rincón de Aena alejados del bullicio...

El avión que nos llevaría hasta Shanghai. Un Aerbus de la compañía Emirates de Dubai. Todo un monstruos con spá y cómodas camas que una no cató porque iba en turista como todos los pobres mortales.

 

Dormia el sueño de los justos...

Un poco grande como mascota dentro de un avion...

 

En el aeropuerto,antes de partir, esta madre indú con su niño se dejó fotografiar.

Si alguien me preguntara cual ha sido el recuerdo que me he traido de mi viaje a Shanghai.La sensación más inolvidable, y lo que se quedó grabado en  mi retina para siempre, diría que.los abrazos que nos dio nuestro hijo uno en la terminal del aeropuerto, y el otro a pie de portería de su apartamento junto a un taxi y su dueño observando nuestra despedida.Y eso es todo lo que llevo en el corazón tal vez porque mi ánimo;nuestro ánimo estaba por la labor de pasar el mayor tiempo posible con nuestro retoño pero el destino que es caprichoso e imprevisible   quiso jugar con nosotros a “conocereis la gran ciudad de cabo a rabo, pero no disfrutareis de vuestro hijo porque estará hasta el cuello de trabajo”. Y así fue; lo vimos muy poco pero a pesar de todo VALIÓ LA PENA
Shanghai es una ciudad de veintiun millones de habitantes, que se dice pronto, claro que está en acorde con la inmensidad del país y los mil quinientos millones de chinos que habitan esa tierra llena de contrastes que una se quedó sin ver por eso de que: las distancias y los dias contados no se llevan bien.Algun@ pensará que esta pequeña aventura que con tanta ilusión empecé no ha sido toda lo gratificante que que debío ser, y en cierto modo hay algo de verdad pues mis viejos amigos, doña neurona y don corazón me han dado la paliza con el retoño y las cansinas comparaciones de aquel ya algo lejano viaje a Taiwán. A ese Taiwán tan verde,tan espiritual, tan tradicional en algunos casos y en otros tan aparentemente del siglo XXI.Aunque es cierto que no estoy siendo justa puesto que la ciudad de Shanghai es solo una ciudad,que no representa para nada a esa China ancestral y monumental a la que no pude llegar porque como ya apunté más arriba:las distancias son tremendas.Así que Doña neurona y don corazón ante la perspectiva de un paisaje de hormigón usaron la sensatez y decidieron cambiar el “chip”y disfrutar,en lo posible, de esa inmensa urbe llena de glamour,barrios “locales”, como llaman a barriadas de clase humilde y secular, y más de un indigente entablando su particular lucha contra el hambre,el hambre y el hambre…
-¿Como en cualquier gran ciudad?
-Como en cualquier gran ciudad…
Si tuviera que definir a la gran Shanghai, lo haría con una sola palabra:ESPECTACULAR. Es una ciudad parida entre hormigón, y arropada con cascadas de luces de colores al anochecer; unas luces de colores que la confiere  un aspecto totalmente distinto al que presenta a la luz de la mañana.Sa¡hanghai de dia, Shanghai de noche…La ciudad que nunca duerme, la de los rascacielos y ostentosos centros comerciales, merece la pena verla aunque apenas tenga zonas verdes y los templos prácticamente brillen por su ausencia. Y merece la pena verla por toda esa vida que burbujea en cada rincón, en cada esquina; en las grandes avenidas y en las callejuelas estrechas del Shanghai más local…porque ese es el verdadero corazón de esa ciudad de hormigón: su gente.