May 172011
 

Esa copa de vino y su aroma. Ese vino rojo “ojo de perdiz”, que brilla a través del cristal a la tenue luz de las velas. Esa copa de vino y su sabor, que inunda el paladar tiñendo tus mejillas de color y hacen que la llama de esas velas columpien su luz en tus pupilas. Si pudieras verlo… como te lo explico… burbujas de ámbar… bocaditos chicos de chocolatina, de esa con almendra y crispís de arroz. Todo, todo asoma a tus pupilas cuando bebes de ese vino rojo “ojo de perdiz”, que embriaga los sentidos y deja a flor de piel tu verdadero yo. Ese vino que arranca de tu pensamiento… de tu alma y de tu corazón, todo aquello que te impide ser tu misma.Un par de sorbos; solo un par y el fantasma de la inhibición se aleja, dando paso a los deseos más profundos y el deseo del deseo se desliza por tu piel. Te arden las mejillas y tu aliento me seduce hasta el punto de que pierdo la cabeza, olvidando, porque quiere mi deseo, que ese  vino, esas burbujas de ámbar, esos bocaditos chicos de almendras, esos crispís  y ese aliento no son mios, tienen dueño.Y tienen dueño y mira tú que no me importa ¡Que cosas! Dios… lo que hace el vino, que te pierde, que me pierdo. Que nos sube en una nube y nos baja hasta el infierno con los juegos más prohibidos.
Despunta el alba y esa copa de vino vacía marca la frontera de nuestro deseo. Hoy no es ayer; hoy es “mañana”, un día cualquiera de café, oficina y pitillo en la puerta. Hoy no hay vino rojo  “ojo de perdiz”, ni cielo, ni infierno: hoy solo hay rutina…
Y esos bocaditos chicos de almendras…
Y tienen dueño y mira tú que no me importa…
Y ese vino rojo “ojo de perdiz”.