May 112012
 

Era primero de mes y habían cobrado.Esta vez sería distinto: – te lo prometo-le había dicho-,Por esta virgencita que llevo al cuello,te prometo que esta vez será distinto.Y el la creyó.
Dio de desayunar a los niños,un vaso de leche,de ese cartón que la buena de Amparo;su vecina del primero le dejó…La había sacado de tantos apuros…que si una sopa de sobre,que si un pan,unas galletas…pensaba extendiendo, hasta lo imposible, los restos de margarina en las rebanadas de pan.
Abrió el portal y una ráfaga de viento helado le dio los buenos días.Los pequeños protestaron y ella les caló los gorros de lana hasta las orejas para después estampar un beso en sus narices.Luego,se arrebujó en la bufanda y, agarrando el carro de la compra, salió sin más a la selva de asfalto.
-¿Por qué corres? -Le dice Pablo-Siempre corres al pasar por el quiosco…¿Es que no quieres que te vea Julián?
Ella frenó en seco,ante la salida del niño.Hasta su hijo mayor;ese hijo concebido en una noche de San Juan, diez años atrás, se había dado cuenta¿Tanto se le notaba?Le daba la espalda pero,aún así no podía dejar de sentir sus ojos clavados en ella.Una punzada de asco se le clavó en la garganta.Asco por ese hombre que compraba su miseria.Asco por ese vicio irrefrenable que la obligaba a venderse como una gallina en un mercado de feria.Asco por ella misma, que no tenía valor para acabar con la pesadilla de su vida…
-Qué. ¿Al colegio? Vamos,tomad unas “chuches” que os regala el “tío Julián”-le dice alargándoles una bolsa de gominolas,y la vista puesta en ella.
– No.Déjaló…gracias…tenemos prisa-contesta acelerando el paso con el pequeño Borja lloriqueando por las golosinas,y un Pablo algo rezagado y pensativo.
A la puerta del colegio,entre la algarabía de niños de todas las edades,de padres con prisas,de coches mal aparcados y de una aire envuelto en churros y café,abrazó a sus hijos,con ese abrazo fugaz conque los despedía cada mañana, al entrar en el edificio, por estar lleno de culpa.
-Mama…
-¿Que?
-Nada…-dijo Pablo agarrando de la mano enguantada a su hermano.
-Estaré aquí a la una,como siempre…-la caricia de sus dedos se pierde en el aire,porque el niño ya le había dado la espalda tirando de Borja.
– Ya… -Le oyó decir.
Los vio subir las escaleras perdiéndose entre un mar de gorros,carteras,y chiquillos atropellados por llegar los primeros a las aulas.Y se sintió fatal.No podía soportar la mirada de su hijo mayor clavada en ella.Esa mirada de reproche que tanto la incomodaba…Y es que él NO podía saber de ese lado oscuro de su vida ¿Como iba a saberlo? Ni su marido lo sospechaba…Dejó atrás a “Las Franciscanas” haciendo lo imposible por no torcer a la derecha:<>.Pero sus pies no la obedecieron,y su voluntad tampoco.
El local no estaba tan lleno,como otras veces,y no pudo dejar de sonreir pensando que quizá las “Amparos”de turno, se habían puesto de acuerdo para No sacar de apuros a gente como ella.Se sentó en una mesa solitaria,no sin antes aparcar el carro de la compra aún vacío:<>-se dijo sin mucha convicción.
-Dame dos…- pidió a la muchacha de los cartones,abriendo el monedero.Allí estaba la confianza,que una vez más, el bueno de Antonio había depositado en ella:treinta euros para la compra del hogar.Agarró el billete sin pensarlo dos veces y se lo entregó a la muchacha.
El ruido de las bolas al girar en el bombo.La voz monótona y machacona del hombre joven que desgranaba los números.El sonido del fajo de cartones que la repartidora llevaba,martilleando sus tímpanos…El sudor que le corría por las sienes junto a ese escalofrío que le bajaba por la espina dorsal cuando escuchaba cantar ¡linea!.
-¿Va a tomar algo? – Con blog de notas y bolígrafo en mano,una camarera de carmín rojo y pompa de chicle, la miraba con aire aburrido.
– Un botellín de agua- acertó a decir, tras una lucha encarnizada con una garganta reseca y atenazada por el remordimiento.
-¡Cuareta y ocho! ¡veintidos! ¡cuatro!…
-¡Bingo! – la maldita palabra salió de la mesa de al lado.Una mujer de pelo color panocha con falta de tinte,levantaba uno de los cartones, de los seis que llevaba a remolque,con el mismo brío que Lancelot enarbolando el pañuelo de Ginebra en la punta de su lanza.
Salió a la calle llevando el carro de tripa vacía,y un monedero triste y ajado. Una hoja arrastrada por el viento de otoño se enganchó en su pelo,y unas cuantas más pasaron rozando sus piernas para ir a parar al árbol de al lado. Y el,a deseó ser una de esas hojas para perderse sin más entre la gente,los árboles;bajo las ruedas de un coche…¡Se odiaba! ¡Se odiaba!¡Se odiaba! ¡Cómo se odiaba! con cada paso que daba deshaciendo lo andado.¡Cómo se odiaba!
Desde la ventana de la habitación vio la persiana echada del quiosco con el cartel de:”Vuelvo enseguida”.Pero solo fue por un momento hasta caer de rodillas…
Tres pares de ojos la miraban mientras servía el puchero:la mirada confiada de “su Antonio”,la ingenua de su hijo Borja,y la de Pablo clavada como un dardo en el corazón.
Y desde la ventana de la habitación vio la persiana con el cartel:”Vuelvo enseguida”…
Pero solo fue un momento hasta caer de rodillas…siempre le pasaba igual…

Dic 122011
 

 

Y hay veces que me hago unos largos ...

 

Me hago unos largos de cuando en cuando y de vez en vez, en la piscina de mi memoria, hoy no con aguas tan claras como las de ayer, pero aún sigo encontrando algún recuerdo de esos que “valen más que un tesoro”. Y de entre esos recuerdos  hay uno, que esta memoria mía guardó con celo y tesón para que no se perdiera entre los entresijos de la desmemoria. Es un recuerdo sencillo, ingenuo,infantil…Es un recuerdo de niños, de hogar de padres y madres de:”hogar dulce hogar”.
Y en mi recuerdo aparece una casa en un campo de aviación abandonado con un avión de pasajeros estrellado, justo donde acaba la pista y comienza un profundo terraplén.No hubo muertos ¡gracias a Dios! Ni si quiera heridos,aunque parezca increíble.A cambio se quedó una anécdota en el recuerdo de todos los que lo vivimos, y de los que aún vivimos, y es que Mari Marrero, una persona muy querida para muchos,se dió cuenta, cuando la pusieron a salvo,que su San Martín de Porres,”Frai Escoba” para los amigos se había quedado atrapado en las entrañas del albatros venido a menos.Y mi memoria revive aquella carrera salvando obstáculo tras obstáculo de brazos y piernas queriendo pararla en vano, y de como llegó, entró y salió con su San martín acunado entre los brazos, como el que acuna a un cachorro de animal racional o irracional,entre los aplausos del personal y las regañinas del resignado marido.
Y en ese recuerdo de niños, de hogar,de madres y padres, de aviones caídos, hay otro también de un cementerio viejo justo al lado de la cabecera de pista de ese aeropuerto tan viejo y abandonado como él. Era,no diré que una gozada pero si divertido por lo inusual del paisaje y esa sensación extrañamente amiga,de ver lo que encerraba sus muros a la hora de aterrizar o despegar.
Y en ese recuerdo de niños,de hogar, de madres y padres,de aviones caídos, de cementerio viejo, hay otro también de montaña y boina de nubes custodiando la pista como un coloso de Memnom.
Y en ese recuerdo de niños, de hogar,de madres y padres, de aviones caidos,de cementerio viejo,de montaña y boina de nubes,hay otro también de unos niños en pijama trasteando en una cocina churruscando rebanadas de pan al fuego de una cocinilla de gas, en la que un cazo de leche caliente esperaba a que esas manos pequeñas acabaran de preparar ese “desayuno del dia especial”.”Tulipán” en trozos gruesos de pan, “Nescafé” con la leche en las tazas que una vez contuvieron “Nocilla”, y una bandeja de plástico con una rosa del pequeño jardín del hogar, completaban la puesta en escena. Una habitación y unos padres dormidos que despiertan al escuchar”cumpleaños feliz”. Unas caras plenas de felicidad, y unas sonrisas que ya las quisiera el gato Risón para él. Unos abrazos…unos besos entre mordiscos a esas tostadas quemadas y frías ¡las mejores del mundo! y unos sorbos de leche caliente desbordada en la bandeja. Un aspirar el perfume de la flor, a veces sin perfume, que a la madre le olía al mejor y más intenso de los aromas.Tanto que aún hoy al cabo de los años lo sigue conservando entre sus recuerdos de la memoria y no en la desmemoria.
Y…Me hago unos largos de cuando en cuando,y de vez en vez, en la piscina de mi memoria, para no dejar que la desmemoria acabe llevándose todo aquello que amé y sigo amando.Todo aquello que viví y no quiero olvidar,al fondo del pantano de la tristeza que no es otra cosa que el olvido. Y por eso hoy recuerdo y mañana volveré a recordar, para no olvidar todo aquello que amé y sigo amando…para no olvidar todo aquello que viví.
Y…me hago unos largos de cuando en cuando, y de vez en vez…

Ago 312011
 

Y tras un desayuno de lo más tradicional...

Nos subimos al coche de philipe y Chichen", una mezcla genial de: Francés con taiwanesa... estupenda

 

Y llegamos a un lugar de cuento de hadas:El Palacio de Verano en donde Chiang Kai Check recibia a los jefes de Estado y embajadores......

Un lugar tan bello....

 

Que te parece...

 

irreal...

 

El recuerdo de esa visita me acompañará siempre...

 

Ángel y Chichen.su nombre no suena así, pero una nunca llegó a pronunciarlo correctamente así que disculpame "Chichen! si alguna vez esto cae en tus manos...

 

 

Una pincelada del artesonado...

 

Y seguimos nuestro camino hasta llegar al pueblo de la cerámica...

 

Hacia un calor sofocante y a Chichen se le ocurrió obsequiarnos con una bebida infalible para calmar la sed y el calor...

 

¡Ay! que cosa más mala, aquel liquido de "pepinocalabazasandiacalabacín ¡una bomba segura para un coma diabético! ¡¡¡UUUUFFF!!!

 

 

Pero que bién lo pasamos...

 

Y que lujo para nuestros oidos escuchar a esa pequeña tocar el violín...

 

Fue un dia para llevarlo siempre en la memoria. Un dia estupendo con una pareja encantadora formada por una taiwanesa y un francés :Philipe, y Chichen -disculpame “Chichen” por no pronunciar , y menos escribir correctamente tu nombre, pero supongo que te harás cargo-,que tras un desayuno de lo más tradicional, en un barrio muy “de verdad”, a base de leche de soja caliente…uuummmm…y una especie de tortilla francesa nadando literalmente en aceite…emprendimos la marcha hasta llegar a Nanlou At Nan Yuán,un lugar que por mucho que quiera describirlo no me siento capaz, ya que la luz, el colorido del paisaje, el ambiente, y un no se que, que habitaba aquel rincón de la tierra, me es impoible conseguir que podaís imaginarlo…: Era un palacio milenario en donde Chang kai Shek recibía a todos los hombres  y mujeres relevantes del mundo mundial.Lo cierto es que no me habría importado en absoluto perderme para toda la vida en alguno de sus muchos rincones…No me habría importado, y eso solo se comprende cuando lo ves en vivo y en directo, cuando aspiras el perfume de las flores, escuchas el canto de los pájaros, admiras las charcas con sus nenúfares, y el majestuoso paso sobre el agua de los  cisnes negros…Es un lugar en donde te das cuantea, más aun si cave, que la mano del Creador ha tenido mucho que ver en ese lugar.Un par de horas más o menos estuvimos dando vueltas, a mi parecía que me habían dado cuerda porque volaba por aquí y por allá ¡Una pluma! me sentia como una pluma mecida por el viento entre tantas cosas guapas y bellas, hasta que me trincaron metiendome en el coche en contra de mi voluntad¡lo juro! emprendiendo el camino hacia el pueblo de la cerámica,es una lástima que no recuerde su nombre,en donde Chichen amablemente nos invitó a una bebida muy popular entre los taiwaneses para calmar la sed, y paliar en algo el calor. La compró en un pequeño puesto ambulante en el que había colgada una extraña fruta conque recordaba a una calabaza, pepino, calabacín, y sandia¡la imaginación a gusto del consumidor!Su sabor era empalagoso a más no poder; vamos una bomba de relogeria para un diabético por la concentración de azucar que tenía. Yo no podía con ella; bueno en realidad ni mi consorte, ni mi retoño, ni yo, podiamos con ella, pero como no había papeleras, porque en taiwán las papeleras brillan por su ausencia ya que lo reciclan todo,pues…no hubo más remedio que beberselo. Por cierto que la presentación era muy curiosa ya que te la sirven en una bolsa transparente de plástico con una cañita para sorberla…Fue toda una experiencia mezclada con una buena dosis de humor ante la situación de no saber como tragarnos el mejunje en cuestión al no encontrar ni una papelera para poder deshacernos del refresquito en cuestión.
Al final del dia, y tras comer en un restaurante en el que el bocata de chorizo , la sangria y la paella eran algo de ciencia ficción, regresamos a sus calles en donde nos encontramos con una chiquilla a la que la gente había hecho un corro, para escuchar la música que salía de su violín:todo un regalo para “nuestras orejas”.
Por mucho tiempo que pase, y por los años que me queden por vivir, guardaré en mi cerebro y en un pliegue del corazón, aquel dia que empezó en Nanlou at nan Yuán y acabó en un pueblecito famoso por su cerámica y del que curiosamente nos trajimos un candil de larga cadena, que hoy preside un rincón del salón de mi hogar,en el que el maestro del hierro forjó un enigmático murciélago que yo confundí con una golondrina cuando me empeñé en comprarlo…Ni un pedacito de cerámica nos llevamos de allí, solo ese curioso candil, que tanto me atrajo desde el primer momento en que lo vi.