Abr 252011
 

El era un hombre infiel por naturaleza y ella practicaba el deporte de la santa paciencia, alternado con el ejercicio de la resignación.
El alardeaba entre los amigos más intimos “los siete polvos” echados aquella primera noche de “la luna de miel”.
Ella fue una virgen sumisa, a la que se le negó: la noche de blanco satén.
Él fue una mala bestia en aquel cuarto de aquella casa prestada, por un amigo en común, para esa primera vez de aquella virgen.
A él le gustaban las mujeres más que la magra con tomate, y ella se moría por guisarle esa magra con tomate.
Era tan caballero con las mujeres, que jamás se olvidaba de presentar a la de turno cuando había que hacerlo.
Ella se conformaba con no caminar cuatro pasos tras él, como si fuera una Geisha salida de las normas del libro del shogunato.
A él no le importaba lo más mínimo, es más;alardeaba de ello, que se comentara sobre la sumisión de “Rosa”: por algo era un depredador de corazones, a los que ataba a la grupa de su vida hasta exprimirlo como al zumo de un pomelo rojo.
Ella no se había planteado el motivo por el que seguía madrugando para hacer el café de la mañana,que él se tomaba sin un “gracias”, y recoger la ropa interior que iba dejando caer por el piso del baño o sobre la cama en donde,desde hacia largo tiempo, lo único que en la noche le rozaba la piel, era su aliento a tabaco y alcohol.
Él ni una sola vez salia del “hogar” sin la camisa planchada y los zapatos lustrados.
Ella salia cada mañana con el carro de la compra acompañada de las ganas de llorar.
Él comía con los amigos, un martes si y otro también.
Ella se sentaba a la mesa con los hijos de ambos y servía las lentejas de: “si las quieres las comes y si no las dejas”.
Él casi nunca cenaba en el “hogar”. Y las habichuelas se enfriaban cada noche, bajo el “Duralex”.
El mantel a cuadros, el tetrabrik de vino, la barra de pan cansada de esperar todo el día..la fruta y el yogurt, la “tele”enmudecida. La lámpara de pie medio dormida.El silencio sin silencio,por el llanto del pequeño del vecino,y el gemir de una sirena.
El silencio sin silencio, por el agua corriendo por el caño al tirar de una cisterna. Por ese taconeo apresurado, hacia la alcoba, en el piso de la vecina de arriba, que cree borrar el paso de los años montando un potro alazán con deportivas de marca,y las piernas embutidas en los” jeans”.
El silencio sin silencio, por el frenazo de un coche. Por el ladrido del perro del “gay”que vive en el quinto.
El silencio sin silencio del camión de la basura y la manguera que arrastra los restos de la inmundicia.Del borracho y sus delirios. Del” drogata”que le da a la metadona y sueña con la heroína.
El silencio sin silencio de la dueña de la esquina, una puta con reparos que no se deja besar y no “besa ” sin condón.
El silencio sin silencio, de ese llanto entrecortado que acongoja el corazón y tapona la nariz, de esa “Rosa”en camisón envuelta en aliento a nicotina y alcohol.
El silencio sin silencio…

Sep 162010
 


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        Me gusta que te gusten las lentejas, me gusta que te guste bailar salsa y el lance que me haces cuando entras a matar a ritmo de sevillana. Y me gusta !si! Me gusta que te guste amar en nuestras madrugadas y ese Mike Mouse de luz que enchufas junto a la cama. Me gusta que te guste la marcha de las cañitas haciendo el camino de las tapitas. Me gusta que te guste la ducha de la mañana, el olor a gel de baño y la colonia de “Nenes”. Me gusta que te guste las velas, el incienso con aroma a café, a canela, a coco y a vainilla. La serie de los Simpson y las pelis de ciencia ficción. Me gusta que te guste los Mustang, Dire Strayts, Iron Maiden, los Beatles y Mclan. Y últimamente hasta Damned Plan. Me gusta y mucho, ese beso de ascensor, y esa expresión de tu cara cuando extiendo el índice y el meñique delante de tu nariz. Y ahora que mencionó la nariz; pues…me gusta que te guste mi nariz, aunque ya no esté muy recta por culpa del otorrino. Y me gusta que te guste mi figura, aquella que una vez vistió una “treinta y ocho”. Y me gusta que te guste el mapa de carreteras que surca mi piel. Y me gusta, como no,que te guste ese camisón bautizado por tus hijos como el de “La Virgen de la Bola” ¡ja, ja, ja! Me gusta que te guste mi sonrisa ¡Me gusta que te guste ser feliz!