Feb 102012
 

 

 

 

………….. Junto al eco de la guerra alcanzó a oír tres campanadas del reloj de alguna iglesia que no quería enmudecer:””todavía faltan unas horas para el amanecer…””. Le echó el pedal a la moto y allí parado frente a las puertas del garaje estuvo un momento observando su deterioro; parecían hablarle bajo las capas de pintura, que maquillaban torpemente los desperfectos que el paso del tiempo había dejado en ellas. : “”no te va a gustar el trayecto…ni el destino… ni el fin; no pongas en marcha el autocar…””. – creyó oírles decir, pero las abrió de par en par, levantando los grandes cerrojos horinosos y protestones, montándose después en él. Con la primera vuelta de llave el motor respondió con un runrún agradable para sus orejas: – “no espero menos de ti…te tengo “niquelao” – farfulló entre dientes. Seguidamente le dio a las luces, que iluminó pobremente el pavimento con un haz ambarino, y metiendo la primera avanzó unos metros sacándolo de la cochera. Luego, tras poner la palanca en punto muerto, bajó y guardó la moto. Tras cerrar las puertas y ajustar los cerrojos, todo volvió a su posición habitual. Antes de subir al autocar levantó la cabeza hacia el firmamento; allí estaba con su luna y sus estrellas, iluminado una vez sí y otra también por el fuego de la metralla. Y enredando en el aire, la buena brisa envuelta en el olor de la pólvora, acariciando cuanto se encontraba a su paso. Pensó en las almas del pueblo descansando en sus lechos, los que aún podían, arropados por los sueños unos, y envueltos en sus temores otros, mientras él seguía despierto acompañado, eso sí, del sonsonete de unos perros ladrando en la distancia, seguramente orquestados por los aullidos de otro, viejo, resabiado, y callejero. Todo parecía estar en orden dentro de ese mundo de desorden, todo menos él, que esa noche tenía la sensación de encontrarse fuera del tablero del juego de la vida. Le dio unas palmaditas al volante pensando en las ironías que esa vida tenía: con ese mismo autocar en los primeros días del alzamiento, salvó, sin proponérselo y desde el anonimato, al general Mola, al que en la mañana del día anterior había visto en la plaza Mayor, junto a Millán Astray, arengando a la población prometiendo la victoria por Dios y por España. Escuchándole reflexionó en la fragilidad del ser humano y en la fuerza del destino; en lo lejos que estaba el hombre de saber que entre esa gente se encontraba la persona que le libró de la muerte a las puertas del monasterio de Irache…  Ladeó la cabeza, como queriendo desviar esos pensamientos, e hizo el sempiterno gesto de apartar ese impertinente mechón de pelo rubio, que le caía por la frente. De mala gana volvió a la realidad por desagradable que fuera. Le habían ordenado un cometido y tenía que cumplirlo… Porque una cosa era luchar en igualdad de condiciones y otra bien distinta fusilar a sangre fría, cosa que se venía haciendo desde que la jurisdicción militar había empezado a funcionar. Era una de las barbaridades de la guerra, y saber que en el bando contrario ocurría lo mismo no suavizaba el tema. Solo había un motivo que le infundía algo de valor, y era la sistemática quema de conventos, iglesias y toda persona que llevara un hábito: “todo lo que oliera a clero”… Pensó que hasta ese día había tenido suerte porque con su ir y venir de mensajero se había librado de tan desagradable tarea, así que allí estaba dirigiéndose al punto en donde tenía que recoger a los condenados para llevarlos al paredón.
El papel de un Moisés oscuro guiando “a su pueblo” a la muerte, “no le iba al pelo”; lo llevaba mal, y pedía a Dios que no le volviera a tocar semejante misión: dame fuego cruzado; lucha cuerpo a cuerpo, pero no me hagas conducir las ovejas al matadero…
Le sobresaltó, el tañido de las cuatro campanadas que el reloj de la torre de la iglesia emitió; cuatro campanadas lúgubres y lastimeras que provocaba el golpeteo del badajo contra el bronce, señalando la hora en que seis hombres acompañados de un fraile, bajaban las escalinatas de la iglesia custodiados por dos falangistas y otros tantos requetés. Cuando llegaron al autocar subió primero un falangista y esperó de pie a que entrara la comitiva precedida por el fraile, un monje joven quizá de la misma edad de “Ojos de Gato”, al que miró visiblemente compungido. El hombre fue a sentarse en el asiento de al lado llevando en sus manos un misal, y un rosario que desgranaba en silencio con la vista aparcada en sus sandalias. Tras él, subieron los infelices que por estar maniatados tuvieron que ayudarles sus verdugos.
– ¿Me das un cigarro?
Sintió su aliento en el cogote, quemándole como si algo caliente le estuviera rozando la carne y lo achacó a su propio miedo exteriorizado a través de los poros de la piel. – Espera – le dijo metiendo la mano en el bolsillo de la camisa.- Ahora lo enciendo –
De sus labios resecos, producto de la presión, despegó el pitillo acercándolo a los labios del hombre que le dio una calada profunda, haciendo centellear la brasa al amparo de la pobre iluminación del interior: “” en vez de nicotina, para estos caso deberían ser de opio”” – pensaba “Ojos de Gato”, contemplando el semblante del hombre.
– ¡Ya está bien que no tenemos toda la noche! – se impacientó un falangista situado al fondo del autocar.
– Arranca y acabemos de una vez… – musitó el condenado, que sujetaba el pitillo entre las aprisionadas manos.
Y así salieron del pueblo en dirección a Pamplona, en donde, “el Monte del Perdón”, era el final de trayecto.
Uno de los reos lleva un rato silbando “¡Ay Carmela!”, y alguien le manda callar. “Ojos de Gato” cree reconocer la voz del falangista impaciente.
– El último viaje de mi vida… ¿Me oyes “facha”?
– Te escucho…- Ni siquiera un leve ademán de volver la cabeza; no quería follón con el hombre impaciente.
– Yo era marino; radiotelegrafista de un barco mercante…Quince años de mi vida en la mar, y en todo ese tiempo he vivido y he visto cosas que mucha gente no verá, ni experimentará en su vida, así que me doy por satisfecho…¿Me oyes facha?
A pesar del “facha” con que le apodó, no había en su voz ni una pizca de odio ni desprecio, solo percibió amargura. Sin dejar de mirar a la carretera asintió con la cabeza..……
La carretera….la imaginación le llevó a la época de su vida como camionero junto Escobar, amigo y compañero en el ejército, al que todos querían por su bondad y camaradería. Fue con él, con quien aprendió a conducir en el Renaul que su padre, un desahogado transportista, le había regalado. Cuando se licenciaron a penas tenían dieciocho años, y unas vidas con distintos derroteros, porque su amigo iba a seguir el negocio familiar y él, a sabiendas de que le ascendían a sargento por haber sido el tercero de la lista, tenía en mente cursar la instancia para carabinero, porque solo aspiraba a vivir en un pueblo de Navarra sin sobresaltos, con una mujer y unos hijos, algo así como la vida de su padre…y una vez le dio curso al papeleo, y ya licenciado como sargento de la reserva, aceptó lo que Ricardo su amigo le ofrecía. Con él y su camión recorrieron las tortuosas carreteras transportando vino de La Mancha, La Rioja, Aragón y Navarra hasta Burgos; algunos días, cargaban pescado desde Lequeitio y Bermeo para Madrid pero eso eran, los menos. No les importaba las frecuentes averías en la carretera, bajo el frío del invierno.  La consigna”carretera y manta”, la llevaban por bandera, y ni el viento helado, ni la nieve medraban ese ímpetu joven, ilusionado, sin pensamiento de los duros tiempos que les tocaría vivir en el frente de Teruel. En las noches de invierno o estío, se turnaban para ocupar la litera que el camión llevaba adosada en la cabina. Pasaban por pueblos y ciudades, atravesaban valles y puertos de montañas, y en todas partes dejaban amigos y chicas bonitas a las que recordar por un beso, una caricia o simplemente por una sonrisa encantadora: “”la sangre bullía por nuestras venas como caballo desbocado, y no teníamos más deseo que dejarla correr…””
En un segundo, pasó de sus recuerdos felices a la cruda realidad, y aunque estaba acostumbrado le seguía sorprendiendo esa facilidad con que su cerebro le llevaba a revivir tiempos mejores, pero era obvio que sin proponérselo, en los momentos tensos se escudaba en los buenos recuerdos para aliviar la tensión, que de un tiempo a esa parte le invadía mas de los que hubiera querido soportar.
– El hombre seguía hablando, y él enganchó de nuevo el hilo cuando relataba el naufragio que sufrió en las Azores…
– Tres largos días estuve en la mar, agarrado a una tablón hasta que me recogió un petrolero… Hubiera preferido morir entonces…Imaginé otro final para mi vida; algo menos vil…
Llegaron al Perdón y estacionó el vehículo.  El contorno de los pinos se recortaba en el cielo que empezaba a clarear y la luna remolona se dejaba ver entre los árboles acompañada del lucero del alba. La noche se rasgaba para dejar paso a la mañana, y los condenados se internaban en la espesura porque no tenían cabida en esa mañana…Todo fue muy rápido. Se escucharon las descargas de los fusiles y luego se hizo el silencio: “ojos de Gato” se preguntaba que a quien le habría tocado la “compasiva” bala de fogueo…

Sep 052011
 

Con nuestro hijo Chicho...


Son de ensueño...

En los sitios más agrestes te los puedes encontrar...

 

 

…….Y por fin llegó el tiempo de volar hacia el país de los “tres mil templos”…
06’55 – Doyo, “nuestro chico guapo” llego esta mañana de nervios, a lomos de ese pedazo de moto que tanto nos hace sufrir. Su aparición nos inquietó un poco, porque no es muy frecuente en él, venir entre semana a vernos y menos a esa hora…
Levantándose el casco a media frente, nos da un par de besos y un abrazo de esos que calan el alma. En una mano un sobre que agita en el aire como un matamoscas.
– ¡Ale! Aquí tenéis esto para que os acerquéis hasta Japón…- le miramos extrañados sin comprender… – Que siiii… cogerlo que es de la family…
En su interior, una cantidad determinada de euros, esperaban pacientes a que nos decidiéramos. Y nos decidimos tras mucho tira y afloja, agradeciendo a la vida, no el dinero que guardaba el sobre sino el significado de esa acción. Y nos abrazamos teniendo como mudo testigo el casco de la moto
07´00 – Salimos de casa a buscar al retoño mayor
He de explicar que tenemos tres hijos a los que cariñosamente me refiero a ellos comoretoños.
07´45 – Llegamos al aeropuerto de Alicante: bocata queso “pater”, bocata patata, yo y croissant chocolate el retoño mayor . Permanecemos sentados, en espera del vuelo. Hay gente a “tutiplén” . Cara de tontos guardando equipaje. Observo alal teoño y a pater : los dos con ojos de sueño.
08´45 – Pasamos el control de seguridad, no sin antes achuchar al retoño con “teletubi” incluido.
En el control me quitan el gel de baño del equipaje de mano,, menos mal que la colonia se la entrego, vía guardia, al retoño, que nos dedica su mejor sonrisa, mientras nos lanza un beso al aire.
Entramos en la sala “VIP” ¡Que poderío! Como vive la gente con pelas: sillones en los que te pierdes, azafata con sonrisa de “profident”. Self service y “pipiroom” limpio, je, je, je…
09´35 – Subimos al avión de Iberia, me siento como una sardina en lata ¡
10´45 – El piloto se ha sacado el carné en una tómbola: o espabila o lo veo en el INEM ¡madre mía, que aterrizaje! Pater dice que es normal; si él lo dice…
13´00 – Sala VIP “Puerta del sol” ¡Que poderío, poderío! Pater me hace una foto, para comprobar si la maquina de fotos funciona, pues en la jardinera que nos trajo hasta esta terminal, se fueron al garete, por un frenazo, todas las maletas, y la maquina también: debo estar arrebatadora con los carillos inflados, como los de un hámster comiendo pipas.
15´00 – A estas alturas estamos ya hartos de VIP. Pater está dormido en un sillón que caben dos paters,y yo hace rato que he dejado de leer “Los Hombre que no amaban a las mujeres”
16´00 – Ya hemos subido al avión; no se porqué, pero creo que no me inspira seguridad… mira que si le faltan algunos tornillos…je, je, je… Primero lo han hecho los “bussines”, y luego la plebe, o sea nosotros: ahora me siento como una sardinilla, de lo llenísimo que va el cacharro. A pater le ha tocado un “chino joven” al lado, que estornuda cantidad, y al otro lado del pasillo lo mismo…: no si veremos a ver con tanto germen pululando por estos lares…
A partir de este momento soy consciente de que mi comprensión se ha perdido en el submundo de las deferentes lenguas, me siento como si estuviera en la torre de Babel; es como si fuera sordomuda, con tanto chapurreo; todo menos español ¡pobre de mi! Pero que gordos estamos mon Dieu, me he dado cuenta por los asientos de los aviones, claro que si fuéramos en uno de bussines, la cosa cambiaría…
18´00 – Nos acaban de servir el ágape, lo han hecho “Keny y Heidi”, que con estereotipada sonrisa se han dirigido a mi parloteando en inglés. Pregunta con premio si se acierta: ¿por qué, si la compañía es holandesa y Holanda es el país del queso, el sanwis de queso no sabe a ídem? Menos mal que el white cofee estaba caliente, je, je, je…
18´50 – llegada a Schiphol y en los lavabos me peleo con la taza del w.c. pongo el mismo empeño que Indiana jones en: “En busca del arca perdida”, en encontrar el pulsador de la cisterna, sin conseguirlo, hasta que me doy cuenta de que al separarme de la taza el agua comienza a correr ¡Pero cuantas modernidades hay por el múndo!
Caminamos por la terminal con paso rápido buscando la siguiente puerta de salida, y a nuestro paso vemos mucho cristal de Swaroski, mucho trozo de chocolate,, y mucho puesto de plantitas, entre las que se encuentran los famosos tulipanes, pero de queso…¡nada de nada! He llegado a la conclusión de que por no haber, no hay ni vacas.
Nos sentamos a esperar el próximo vuelo hacia Bankog, y miro a través de los cristales el cielo holandés triste y nublado, y pienso en el nuestro tan lleno de luz, con ese sol y ese azul sin nubes; con esa luz que lo baña todo, y entonces comprendo por qué los europeos tienen ese carácter tan reservado, tan frío y tan triste…: les falta luz: la luz del sol. ¡Viva mi pueblo! Y su vinito, con su jamoncito y su quesito. ¡Viva! La tortilla de patatas, con su aseitito de oliva, el gazpachito, la paella, y las sardinas a la brasa ¡ole! Por el pescaito frito, el pan de hogaza, las migas y la chistorra; los churros con chocolate, y el pan con tomate. ¡Tres húrras! Por sus pueblos y ciudades, por la sonrisa de su gente, por que llevan el sol en la mirada, por la risa de sus niños. ¡Chapeau por los míos!
20´00 – De nuevo en el avión, como sardinas, pero esta vez con almohada y mantita como compañeros de viaje. Miro a Manolo que está cruzado de brazos, mirando al frente con cara de circunstancias, y pienso que cuando lleguemos al final del camino, habrá que llamar a un chatarrero para que le abra los brazos, porque se le habrán quedado como las alitas de pollo del “Foster”. Al lado lleva un tío muy raro, con pinta de pederasta.
Estamos dentro del avión pero aún no se ha puesto en marcha ¿? ¿? ¿?
21´15 – Por fin nos movemos. Ni idea del retraso, tal vez estuvieran apretando tornillos. A fuera está lloviendo, y aquí dentro hace un frío que pela, y yo con un pantalón pirata y una camiseta.
10´30 – hace un frío que pela, si lo sé no vengo con sandalias ¡Ángel, te voyt a matar! Esto me pasa por verte llegar, en Barajas, con manga corta y bermudas en Navidad…¡Que frío!
09´30 – ya no se si es la hora de allí, o la de aquí, ¡Que lío! El hombre que está sentado al lado de Manolo no se ha movido en toda el trayecto del asiento. Piensa, y no creo que se equivoque: que viene a Bankog, a lo que viene…
En la terminal de bankog: se ve gente con mascarilla. Me fijo en una limpiadora, que llevaba una: ha salido de los lavabos, con el trapo de fregar en la mano y sin guantes: que incongruencia…
Lo que nos pronosticó el cerdito aventurero, se está empezando a cumplir: _hay gente que nos observan como a osos panda.
El dinero , que muy generosamente nos dio nuestro buen amigo Carlos “el del banco” , no nos sirvió de nada en ese aeropuerto: Speedy Gonsales, se queda corto.
De nuevo en el avión. Al lado de Manolo, esta vez un joven monje budista con su chaquetilla corta y sus “pantalones” color azafrán. Este compañero de viaje, inspira paz; lo digo en serio: inspira paz…
Lidia , la azafata lleva una “Pandora” ,a medio montar ¡Bienvenida al club, le digo por telepatía cuando se inclina ante mi, quizá le llegó mi mensaje: sonreía.
Tras un viaje de cuatro horas, este estaba “chupado”, después de las once, de Ámsterdam a Bankog. Tengo un lió de medicamentos……
¡Por fin el final de trayecto! Desde el aire las luces de la ciudad de Taipei, nos dan la bienvenida…
Nos retienen un rato en el control de pasaportes, porque ¡oh desastre! No sabíamos la dirección de Ángel, ni su número de teléfono ¡ja, ja, ja! La tarjeta de visita del cerdito, se nos olvidó en Murcia, y el número…: no necesitábamos el dichoso numerito viviendo en la otra parte del mundo ¿No? ¡Pues si! para no acabar solos ante un señor muyyyyy serio que al final nos miró con cara de benevolencia, bueno en realidad la cara la puso conmigo, debió comprender que éramos dos padres en busca de su cachorro: nos dejo atravesar la puerta. ¡Guuuuapo! ¡olé los chinos, digo taiwaneses enrollaos, que saben distinguir entre una pareja de hampones y unos padres desesperados.