Los cuentos de lechera no pagaban facturas

Cuentos de lechera

  Los cuentos de lechera no pagaban las facturas, ni llenaban el estómago, pero ya era tarde para volver atrás, más que nada porque a sus cincuenta años, nadie iba a contratarlo Le pegó dos[…]

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Y tienen dueño, y mira tú que no me importa…

  Pierdo la cabeza, olvidando, porque quiere mi deseo, que ese  vino, esas burbujas de ámbar, esos bocaditos chicos de almendras, esos crispís  y ese aliento no son míos, tienen dueño.

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