Dic 092013
 
Y tú estás al otro lado de la cámara...

Y tú estás al otro lado de la cámara…

Te deseo suerte.Que tengas suerte.Que la tengas, en esas horas nuevas,inciertas,tremendas que vas a vivir.Te deseo fuerza,valor,animo para esa lucha que vas a entablar contra el enemigo. Te deseo…Deseo tantas cosas buenas,bellas,sencillas para ti.Tengo un saco -el del alma- lleno de sonrisas guardadas para cuando quieras usarlas,junto a una mochila- la del corazón- colmada de abrazos de oso panda.
Aún recuerdo cuando te conocí en aquel aeropuerto;te confundí con un vendedor de ollas de la AMC, menuda intuición la mia, o cuando me empeñé en que la seductora sonrisa dibujada en tu cara te había costado un pico.Aún recuerdo aquella excursión que hicimos con tu chica y mi family a “La Cumbrecita! llovia a mares y el coche se nos estropeó,pero ni la lluvia, ni la humedad,ni esa niebla pesada y densa que nos envolvia ,impidieron que nos comieramos el bocata de tortilla. Aún recuerdo ¿Tú lo recuerdas? Seguro que si,aquella vez en que Ángel le pegó un mordisco a una bombilla ¡Menudo susto nos llevamos! ¡ja,ja,ja! Se ve que le sentó divinamente al puñetero porque ahí lo tienes trotando por ese mundo nuestro.Aún recuerdo…¿recuerdas? Seguro que si,a Doyo pataleando porque quería comer vuestro arroz blanco y no el de su abnegada madre ¡Ja! Puñetero niño…Aun recuerdo ¿Lo recuerdas tú? el jaleo que se traían Chicho y tu chica porque al otro le daba por tocar el órgano a la hora de la siesta y ella no podia pegar ojo. Saltaba el pequeño muro,como un toro de Miura, por encima de aquellos arriates sembrados de geranios escuálidos -y ya era difícil que en esa isla de La Palma no floreciera un geranio como mandan los canones,pero es que no los dejabamos crecer tranquilos con tanto salto de aquí para allá – y se enzarzaba en la sempiterna discusión que nunca llevaba a ninguna parte…
Y aún recuerdo
las partidas de canasta o de julepe,
los cubatas,
el humo de los cigarrillos,escapandose a la noche,
la música a toda pastilla,
las risas,las charlas,
la despreocupación por lo que nos reservará el mañana tan lejano entonces,y tan presente ahora…
Aquella lección de las leyes de Mendel,
Aquellos carnavales vestidos de payasos,
Las escursiones de Manolo por el techo agarrado a una cuerda,
Recuerdo a Rupi,tan rubia,tan peluda,tan bonachona y tan casquivana ella.
El recuerdo de Rupi me ha llevado a Bunker,Arak y Nano y al pececillo que Doyo “se encontró” vivito y coleando, en mitad del camino de Onesima.
Recuerdo…recuerdo tantas cosas…
Y te deseo suerte…Que tengas suerte
¡Y la tendrás!
Un beso grande querido amigo.

Ago 282013
 

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Hace unos dias que hemos roto el cordón umbilical que durante tanto tiempo nos unió.Ocho años de mi vida junto ti contra viento y marea.Te dediqué mucha horas,y acambio tú soportaste mis malos humores y la pereza que a veces me embargaba. Te amé y te odié en la soledad de las madrugadas,en las tardes aburridas y en las mañanas dormidas.Juntos hemos visto pegar la lluvia en el cristal,caer la nieve por esos caminos de Dios,y brotar la primavera.Hemos cruzado las aguas del oceano,y volado al otro lado del mundo siempre juntos…Hoy me siento extraña;como si me faltara una parte de “mi yo”…y aunque es cierto que ya tengo otro intentando ocupar tu lugar,mi neurona se resiste a compartir otras vivencias que no sen las tuyas,y mi corazón se rebela ante la inseguridad de otra union que no sea contigo. En fin,querido manuscrito !que lo nuestro se acabó! No tardarás mucho en salir a ver el mundo,y a que el mundo te vea a ti. Te deseo de corazón que a partir de ahora vayas haciendo amigos allá donde vayas. No rechaces a ninguno. abrete a ellos y muestrales tus sentimientos sin tapujos;tal como eres.Que sepan lo que te contaron, y lo que viviste.
¡Buena suerte querido Libro!

Gudea de Lagash

Sep 052011
 

 

 

La meta ¡Por fin!

 

Vistas subiendo a lo alto de la pagoda. Los flamboyanes despuntan sobre los otros árboles… Otro reto: la pagoda del lago Sun Moon Lake…

 

Nuestros compañeros de fatigas: el chino solitario , la china parlanchina, con su marido el serio y correcto caballero, y mammamía acompañado de su gorra blanca…

Pueden significar cualquier cosa: una venta de coches, un pase de modelos… un entierro…

 

 

 

Que si…nena, que estás viendo a dos osos panda…

 

 

 

 

 

 

Si no hablan la misma lengua ¿de que hablan?

 

Así se quedó la muchachita, al ver a dos osos pandas en un microbus…

 

 

De cuento de hadas…Kaohsiung.

 

por el camino verde de Kenting…

 

¡ Por fin el faro de Kenting!

 

Son centrales nuc¿con cual de ellas os quedais?leares…

 

la sonrisa en los labios y en la mano¡Un boleto de la suerte!

 

 

No puede faltar el Karaoque .Hasta en los sitios más pregrinos te encuentras uno…Es el deporte nacional, o poco le falta…

 

 

Y no podian faltar las vendedoras de betel,algo así como los estancos por aquí pero bastante más peculiares y más desagradable…

¿uno de los cuatro jinetes del APOCALIPSIS?

 

Se la asocia con la guerra, pero es un símbolo de PAZ..

 

Más, y más plantaciones de betel…

 

 

En el microbús mammamía lee la prensa camino de Kenting, a su lado el chino solitario de sonrisa de limón, y al volante el “miniyó” de mammamía…

Con solo esto no podeís haceros una idea de la vida que tiene ¡Hay que verlo “in situ”!

 

Chicas tímidas, las de la zumería…

¿ Sopa de tofoo? Hay mogollón de variedades… a mi no me gusta ninguna y menos su olor…

 

 

 

 

 

Las patas de pollo caramelizadas y otros manjares !

 

Frutas exóticas y jugosas. “la cabeza de Buda” en primer plano…


 

Burritos mejicanos made in Taiwán… Son muy aficionados…

 

El centinela de la palmera…

Junto al agua en Kaohsiung…

 

No llegaba el dinero para fruslerías…

 

desde lo que fue la embajada inglesa en Kaohsiung…. En la isla junto con la palmera de betel, es el rey…

 

 

El flanboyán, o “pajaro de fuego”, como ellos le llaman, destaca en el paisaje…

 

En el puerto…

En el metro de, ahora no recuerdo que ciudad, mammía conversa con la china parlanchina ¡Hablaran de comida?

 

Y ya quisieran mucho los metros cuadrados de ese palomar…

 

¡Galletas! ¿Galletas? ¿?¿?¿? ¡Comidaaaaa!

 

La joven turista china parlanchina, y su pata de pollo caramelizada…

 

Eso de la mano es lo que le quedaba de la sepia “secada al sol”… Yo ya la había degustado solo con aspirar su”aroma”…

 

 

Lo de: quien mueve las piernas mueve el corazon, parece que lo tienen claro… Como en otras culturas, la piel tostada por el sol no es precisamente bella ¡Pero es que hacía cuarenta grados !y con una humedad terrible¡ Por la izquierda: el chino solitario, mammamía, Manolo,la china parlanchina y su marido el señor del jarabe…

 

Rebuscando en el bolso unas monedas para las ofrendas. En occidente sería: comprar una vela…

 

Largas mesas para las ofrendas…

 

 

dos adolescentes orando…quizá no sean tan niñas…

Me tendrían que anestesiar para dejarme sola aqui…

 

 

Yo si sé lo que estaba pensando ¡que me ahogaba con tanto incienso!

 

 

 

Esperan llegar al cielo…

 

En relación con los antepasados…

 

 

Quizá horrendos para mis ojos pero no para los suyos…

Al caer la noche…

 

 

Las oraciones esperan pacientes hasta que les llegue el momento de volar al cielo…


 

 

El incienso desprende un aroma dulzón y empalagoso…

 

 

No recuerdo su nombre pero lo llevo en el corazón… No recuerdo el nombre del templo pero aquello que viví lo llevo en el corazón

 

 

 

Entre las plantaciones de betel, despunta la pagoda de la paz…


 

 

Llamarlo como querais, pero hasta en los confines del mundo se busca a Dios…


 


En franca comunicación con su horóscopo chino: Es “cerdo o jabalí”

 


Sin palabras……


 


 

Templos, y mas templos, en donde la gente dejaban ofrendas a buda y a otros dioses que a mis ojos resultaban espantosos, no así a los de ellos; eso seguro. Quemé incienso, para Buda, siguiendo el ritual, como mandan los canones. Compramos un farolillo de oraciones en el que escribimos: “la tribu de papalelo”. Había infinidad colgados al aire libre, brillando al sol, pero nosotros preferimos colgarlo en nuestro humilde hogar. En las mesas de las ofrendas, una pequeñas piezas de madera en forma de media luna contestaban a tus preguntas, si las lanzabas repetidas veces al suelo: dinero, suerte, amor, salud… pero sobre todo dinero y suerte, eso es lo que más desea el pueblo taiwanes; todos los amuletos tienes que ver con la “suerte-dinero”. Y en el exterior “los mercaderes del templo”, vendían toda clase de objetos relacionados con los rituales, para un mejor bienestar, del difunto en el otro mundo: dinero de papel, coches, casas, joyas… todo lo que se supone que en esta vida terrenal, hace feliz al ser humano, impreso en hojas de papel que en un santiamén volaba al paraíso a través de un horno crematorio situado fuera del templo.
Y luego Kentíng con su faro, mirando al Pacifico, y su bello, bellisimo paisaje… Y otra vez al microbús, con la joven y parlanchina, turista china, que no paraba de comer “golosinas” como garras de pollo caramelizadas, sepias secadas al sol, que despedían un olor nauseabundo, y los famosos huevos cocidos en té, entre otro montón de alimentos que no conseguí descifrar; la joven parlanchina china, y su marido , un chino muy señor y muy correcto, bastante mayor que ella, y que cada cierto tiempo, mientras ella degustaba los manjares, él tomaba su medicación, entre beso y beso con sabor a huevos cocidos en té y garra de pollo caramelizada, miraba coqueta a los hombres de la excursión, desde su gorrilla con personajes de Walt Disney y sus short con “loves” en los bolsillos . Y luego estaba el otro compañero de viaje, un compatriota, de la joven china parlanchina.: flaco y solitario, y encantador, con el que no cruzamos ni una palabra en todos esos días de excursión porque solo hablaba su idioma, pero que por cosas de la vida, tuvimos una “buena onda”, y nos comprendíamos a la perfección, echando mano de los socorridos gestos y expresiones, a los que todo el mundo se agarra en caso de desesperación como era el nuestro: siempre nos esperaba cuando veía que nos rezagábamos, y al vernos nos dedicaba su mejor sonrisa de limón, cosa que nosotros se lo agradecíamos tomándole las fotos que el quería con su máquina, ya que al ir solo no tenía más remedio que pedir a los demás que le hicieran ese favor. Nos separamos de nuestro amigo al regresar a Taipei, sin saber, como se las había apañado durante todos eso días con el tema ropa, pues no llevaba equipaje ninguno, solo una pequeña bandolera colgando del hombro. Pregunta: ¿si no llevaba equipaje, como hacia para que el polo blanco a rayas rojas y el pantalón gris de vestir, nada apropiado para esa excursión, estuvieran siempre limpios? Y luego estaban los zapatos, también de vestir, que trotaban por los caminos y pedregales sin sufrir ni un rasguño… Si es que lo que no hagan los chinos…
Subimos montaña arriba, hasta llegar a una maravillosa pagoda. No podría decir los escalones que dejamos a tras, pero si, que fueron muchísimos en mitad de un panorama difícil de plasmar en esta fría pantalla de ordenador. Era tanto el esfuerzo que solo alcanzamos la meta, nuestro amigo el chino solitario y nosotros dos. Al bajar, sellamos nuestro pequeño reto con un beso al pie de la escalinata; un beso digno de “lo que el viento se llevó”, aplaudido por el resto de compañeros de tournée.
Y llovía en la carretera, y salía el sol, y vuelta a llover. Y así pasábamos por pueblos y ciudades, dejando al borde de los caminos pequeños y curiosos cementerios, que los habitantes de cada `pueblo habían ido formando sin orden ni concierto, entre los extensos cultivos de la palmera del “betel”, y las luces de colores anunciadoras de los locales donde se guardaba, en pequeñas bolsas, dentro de una nevera, el fruto que excitaba los sentidos. Tras los cristales de estos locales ,y bajo las luces de colores, jóvenes con aspecto de prostituta por el excesivo maquillaje, la exigua falda y los tacones de aguja , vendían las bolsitas del fruto cuyo efecto al masticarlo, según nos contaron, era como el de seis, siete, u ocho cafés bien cargados. Los taiwaneses sienten verdadera debilidad por el betel…
-¿Es que se ha hecho una herida en los labios?
– No. Es que está masticando betel y el jugo, de color rojo, que suelta provoca una fuerte salivación, y cuando lo escupen parece que sufran una hemorragia…
– No lo he visto en las ciudades…
– Allí, hay menos costumbre; lo mastican en barriadas o en las afueras. Es algo más propio de los pueblos.
Y mammam mía paró ante un puesto de Betel, en donde una joven vendedora de largas piernas, y exiguos shorts, calzada con unos imposibles tacones de aguja, sacó de una nevera un pequeño envoltorio entregándoselo a mama mía junto a una sonrisa de plástico.
– ¿Queréis uno? – nos dice alargando el paquete como el que te ofrece un cigarrillo, junto a un par de vasitos de plástico .
– Noooo…. “Bon apetite”, le digo yo a falta de inglés.
Me miró sonriendo y dijo algo en mandarín al conductor, que por el espejo retrovisor me observó guiñandome un ojo. He de decir que el resto de los compañeros de viaje tambien rehusaron.

¡Ay! Taiwán,Taiwán.