Mar 172011
 


Una última cosa más….más…más….y más…….a su familia en la mochila del corazón.

Acababa de llegar, y ella ya contaba los días de su partida.
Sobre el mantel de la mesa de la cocina. Una bandeja de plástico roja, deslucida de tanto uso y algo desportillada por ese trasiego. Pero a él le gustaba; se sentía cómodo con esa compañera de escarceos nocturnos de neveras y alacenas. Un vaso de leche con cacao junto a una montaña de galletas viajaban en ella hasta el punto de destino que no era otro que el sofá del salón frente al televisor.Haciendo a un lado el portátil, herramienta vital para su trabajo, descansó la bandeja sobre la mesa de recia madera que permanecia en pie tras muchas heridas en su estructura. Él no se acuerda.Ni siquiera lo ha visto porque nunca nadie le contó que a la edad de dos años le arreó un buen bocado a una equina de la mesa en donde ahora descansa la vieja bandeja. Pero todo aquel que sabe la historia, que son pocos, aciertan a ver los rasguños de eso dientes de leche que aún conservó tras el mordisco.Bueno por morder, mordió también con esa edad una hermosa y lustrosa bombilla de cristal, de las de antes, no de las de ahora de bajo consumo, insulsas y de horrible diseño.Y como era de esperar la hizo añicos entre los dientes llenando esa boca de niño, de pequeños cristales finos y cortantes, que aún no se entiende como no le hizo ni un rasguño la bella bombilla de lineas suaves y redondas que alumbraba cualquier rincón del hogar. No se quejó. al contrario buscó nuevas aventuras para su adrenalina de niño, por ser un niño inquieto y aburrido del aburrimiento, y decidió escalar esa cocinilla “de toda la vida”; esa blanca de metal con tapa para los fogones, a la que se aferró sin pensarlo dos veces emulando a Kon en el Empire State. La escalada duró menos que el suspiro de un gusano en un día sin lluvia, pero como el instinto de conservación es grande e innato en los humanos, se agarró como pudo, y no se como pudo porque yo no estaba allí, a la cocinilla con tan mala suerte que se le vino encima y la tapa se lo tragó hasta medio cuerpo ¡Horror!escuché, y salí corriendo todo lo que las zapatillas me permitían,hasta la cocina y allí estaba el niño aventurero haciendo sus pinitos para un futuro certero. Pataleaba como el rabo de una lagartija cuando se da cuenta que ya ha dejado de ser parte de la lagartija de su vida.Pataleaba y pataleaba pero salió indemne como siempre.
Por no tener, no tuvo ni un dolor de tripa, ni una cagalera, ni un vómito, ni tampoco hipo. Y eso que se comía todos los gusanos que veía reptar por las paredes del exterior de la casa que no era otra que la terminal de un aeropuerto inhabilitado para las funciones de los vuelos de Ícaro. Un aeropuerto viejo en donde la hierba y unas cuantas cabras y ovejas de Audelina, la vecina asilvestrada y campechana, dejaba pastar por “nuestro jardín”.
Y comía y se comió todo lo que un humano adulto o niño no debe comer, y aún con esa alimentación extra,fue creciendo y se hizo fuerte de huesos y de espíritu, aunque esta ultima fortaleza no fue obra de gusanos, ni bombillas, ni experiencias “adrenaliticas”con tapaderas de cocinillas. No; eso fue obra del Hacedor que decidió dotar al niño con la fe en el Ángel de la Guarda, que hoy por hoy y con el trasiego que se trae su protegido, debe estar pidiendo la jubilación anticipada a sabiendas de que nadie por las alturas está por la labor.Pero mira tú por donde un día el Guardián debía tener un día tonto y despistado, todo el mundo lo tenemos y él porque sea celestial no esta libre de eso, así que el infante se le escurrió ir a escalar, siempre creí que acabaría siendo un escalador de pro, la mesa de la cocina de un railite blanco con unas terribles esquinas en pico afilado,resbaló dándose un golpe a unos pocos milímetros del ojo.El infante no lloró del susto, pero si del ¡plas plas! de mi zapatilla, que tras el sofocón, no pude evitar soltarla en su sonrosado trasero de niño.Y no lloró, ni se agobió, ni reculó.
Y ella dejo de contar los días de su partida, porque hace casi tres meses que se fue ligero de equipaje. Tan solo se llevó el ipad, el portátil, una bolsa de viaje, y unas fotos en el móvil. Y algo más. Una ultima cosa más: ……………………………………………………………..más……………………………más…………………………………………….Y más…..y más….a su familia en la mochila del corazón..

  8 Responses to “Tan solo se llevó el ipad, el portátil, una bolsa de viaje…”

  1. Mucho mas que un Ipad y un portatil, su familia. Tiene toda la razon. Pase por aqui porque encontre su bello comentario en mi blog. Es que hace mucho no entraba, lo miraba en la barra de favoritos y nada. Pero voy a hacer un nuevo intento porque mensajes como el suyo son mas… mas… Y mas.

  2. Gracias señor Rueda. Agradezco su comentario. Yo como habrá visto lo tengo en miblog situado entre "los que me enganchan", pues me gusta su blog.
    Un fuerte abrazo.

    Gudea de Lagash

  3. ¿Y si le pagas al Angel de la Guarda horas extras? A lo mejor tiene enchufe porque los se llaman igual.
    ¡Qué bonito escribes!
    Besos…….y más……y más…….y más cariño.

  4. Querida señora Varech, yo creo que en el fondo, ese ángel le tiene un cariño, así que espero y confio en que esté siempre a su lado como hasta ahora.
    Un abrazo fuerte, fuerte, querida amiga.

    La Ratita Presumida

  5. jajajaj, mira que me he reído Linda, !Cómo me gusta tu manera de escribir!Es pizpireta, fresca, divertida e ingeniosa como su autora. Gracias por compartir estas pequeñas historietas. Y aprovecho para repetir…!Qué ganas tengo de leerme tu librooooo!!!
    Un beso!
    Cuídate.
    Alabulieee

  6. Veo que hoy haría falta renovar esos abrazos, si hay que estirar la mano se estiraaaaaa…verdad, mama-gaviota???…le llegarán estas palabras?….seguro..Un abrazo

  7. Querida alabuliee. ya sabe como me alegra verla por qui, porque es muy querida para mi.
    me encanta que le guste lo que aqui dejo para todos los que me seguís.
    Un beso, y un abarazote.

    Gudea

  8. Señora Malanga,creo que me conoce más de lo que me figuraba. Es cierto, siempre me acuerdo del aventurero pero hay veces…en que una quisiera ser como "el inspector Gachet" para estirar mis brazos hasta lo imposibe y darle un abrzo fuerte como ssolo sabemos dar las madres.
    uidese, y aquí e dejo el abrazo de la amistad.

    Nina Gaviota

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