Mar 242011
 

Era de corta estatura, delgada y con cara de niña. Vamos… lo que se dice un”llaverin de mujer”. Sus grandes ojos oscuros guardaban el misterio de las mil y una noches que corría por sus venas traslucidas,bajo la piel de porcelana con la que Allah quiso forjarla.Trabajaba en una cafetería a jornada partida y entre taza y taza de café y vaso de té con pastas, las horas y los sueños se daban la mano para escapar de ese mundo en el que todos los días parecían iguales, y en el que el tiempo había dejado de pasar por quedarse dormido en la cuerda de un viejo reloj de pared cagado de moscas.Era un “llaverín de mujer” que bebía los vientos por un joven “gauri” de la ley y el orden, que no perdonaba un solo día de gimnasio, y le sentaba el uniforme que ni “los hombres de Harrinson”. Y ella bebía los vientos por esas gafas de espejo, por esa colonia de yerbas, por ese uniforme que cambiaria su vida; esa que ahora llevaba de fregadero y bandeja que tanto odiaba. Era la pura ensoñación, ese “llaverín de mujer” con todas esas ilusiones de coger pinceles y lienzos, de marcar estilo en el interiorismo…de hacer, de hacer, de hacer, esto y lo otro y lo de más allá. Sus manos se rozaron al darle el cambio, y ella creyó morir. El ni se enteró. Tan solo una sonrisa de cortesía y la colonia de yerbas flotando en el aire de la teteria.
Sus manos dejaron lo que estaba haciendo al percibir su aroma. Sus ojos se clavaron en las gafas de espejo y en la rubia que llevaba del brazo. Su corazón chiquito como ella, borboteó como una olla de lentejas. Y en su alma la desilusión y la resignación se dieron la mano.

Tenia uniforme, eso si, rozando el de “la ley y el orden”, eso también.No tenia porte, ni estilo, ni colonia de yerbas, y menos aún gafas de espejo. Su cara llevaba la firma de una viruela recuerdo de la infancia y una nariz que habría sido musa de inspiración, si el señor Quevedo hubiera tropezado con ella.Una nariz soberbia, explendida, grandiosa;la reina de las narices, que campaba a sus anchas entre dos” puñalás”de ojos negros. La piel oscura con la que Allah lo había forjado,contrastaba con la del “llaverín de mujer”que había pasado a sus manos por acuerdos y convenios familiares.

-Es un buen hombre- se dijo, sin mucho afán, quitandose los vaqueros agujereados a la altura de los muslos, y vistiéndose la chilaba.- Es un buen hombre- se dijo cubriendo la abundante melena con un pañuelo de flores.
El “gauri” servidor de la ley y el orden pasó por su lado al cruzar el paso cebra que lleva al mercado.Su colonia de yerbas, sus gafas de espejo, su sonrisa, y todos los sueños soñados en aquel tiempo de teteria, los dejó olvidados junto a los vaqueros ,aquel día de compromiso. El “gauri” arrancó la moto y con él se llevó las ganas de hacer, de ser, de pinceles y lienzos. Las ganas de todo.
Y era un “llaverin de mujer” preñada de hijos.


  4 Responses to “Un "llaverin de mujer"”

  1. Una pena, porque esta mujer llaverín podría haberse hecho muy grande con el de las hierbas, pero eligieron por ella y le fastidiaron la vida

  2. ¡Que cosas tiene usted señora Varech! Eso de "con el de las yerbas"¡ja, ja, ja! Mire, que suena "raro". Bromas a parte. Ya sabe que "casi"todo lo que escribo tiene un fondo de verdad. Y esto es:verdad como la vida misma.
    Beso.

    La Ratita Presumida

  3. Hola Eder….soy Rosa, la chica de Cortefiel k tanto te insistio ese dia jajaj. Tengo k confesarte k me encanta tu blog, tus historias, tus fotos….eres una gran artista y esa sonrisa k tienes a diario nos contagia a los demas. No cambies nunca, sigue embriagandonos con tu esencia. Un beso

  4. ¿Que tal guapisima? Toda una agradable sorpresa verte por la isla. Espero que te acerques de cuando en cuando; ya sabes: cuando no tengas nada mejor que hacer…
    Gracias por tu cortesia: "sonrisa". Con vosotras no es dificil pues sois encantadoras.
    Un besote.

    La "sin tarjeta de Cortefiel"

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